En pie de lucha

Morena pepena candidatos al grito de “colchones, lavadoras…”

Al grito de “colchones, lavadoras, televisores y fierro viejo que vendaaan…”, Morena abre sus puertas a todos los desechos de partidos que quieran unirse a ellos, sin importar filiación ni ideología, sino los votos que le puedan llevar al poder en julio próximo.

Es decir, con tal de acceder al poder político, Andrés Manuel López Obrador no tiene empacho en recolectar la basura que va quedando en el camino, con tal de presumir que personajes de todos los colores se suman a su movimiento.

En términos prácticos, los morenos sacrifican la pureza ideológica que tanto presumían, para hacer una mescolanza de personajes tan cuestionados, que por más que se le rasque no tienen nada en común, excepto su desmedida am­bición personal por conseguir hueso.

Si bien la orden dictada por López Obrador para abrir la puerta de par en par a pirrurris, cerdos, cochinos, marranos y hasta políti­cos fifí puede dar la impresión de que todos es­tán con su partido, la realidad es que ha creado más confusión que certeza.

En Morena, los militantes ya no saben cuál es su ideología y, sobre todo, si tendrán alguna posi­bilidad de acceder a algún puesto o candidatura, ya que están llegando tantos fuereños a ocupar las carteras, que en una de esas se quedan a pie.

Si el partido de El Peje iba contra las reformas estructurales, el aero­puerto, el Cisen y hasta el Estado Mayor Presidencial, ahora tiene en sus filas -y en primera posición- a quienes las apoyaron, las defendieron y las aprobaron.

Lo mismo se ve a ex zedillistas, ex salinistas y hasta ex foxistas, que a familiares de la maestra Elba Esther Gordillo, de quien siempre renegó al grado de acusarla de ser la causante principal de que en 2006 no llegara a Los Pinos.

Después de firmar una alianza con el PES, que es el más conserva­dor de todos los partidos en México y que sus documentos promulgan exactamente todo lo contario que propone la izquierda, la militancia morena debe reflexionar hacia dónde va.

Porque El Peje dijo siempre que era un hombre de convicciones y no un vulgar político que aspira al poder por el poder. Pues luego de las últimas adquisiciones en el draft político ha quedado claro que lo im­portante para él es, precisamente, el poder a toda costa.

Pero la decepción morena no sólo estará en la militancia, que será desplazada por oportunistas, sino que también los arribistas sufrirán, ya que el solo hecho de dar el brinco al pejismo no les ga­rantiza ningún hueso.

En primer lugar porque no hay para todos, y en segundo, porque sus esperanzas se basan en ganar la Presidencia de la República, el Congreso y el gobierno de la CDMX, lo cual no está fácil.

¿Y si no ganan volverán a cambiar de partido?

Parece que los valores -si alguna vez los hubo- están en el olvido y las ideologías pasaron a la historia, porque los partidos -no sólo Morena-son una mezcla de resentidos y vulgares ambiciosos que sólo anhelan el poder.

Los morenos, que eran los únicos medio definidos, están completa­mente desdibujados y a ver quién de ellos puede definir qué son o hacia dónde va su ideología.

Se repite la historia de las últimas tres contiendas presidenciales, en las que cuando va muy bien en las encuestas, López Obrador decide re­gar el tepache para bajar un poco. Como cuando un corredor va a llegar a la meta y se frena para no ser el primer lugar.

Hasta da la impresión de que no quiere ser Presidente de la Repúbli­ca, y que lo único que desea es dar una batalla cerrada, perder de último momento y después llamarse “robado” para seguir como líder social hablando en las plazas sin la responsabilidad del gobierno.

Aunque no lo dicen públicamente, sus fieles seguidores aceptan que en más de una ocasión han visto a Andrés Manuel dudar cuando está cerca la meta, lo cual le ha impedido ganar las silla presidencial.

Dicen que ahora sí va en serio, pero de repente ofrece una candidatura plurinominal como sena­dor a Napoleón Gómez Urrutia, que desde hace 12 años huyó del país para no responder por la acusa­ción de desfalco contra los trabajadores mineros.

O le ofrece otra senaduría -también plurino­minal, faltaba más- a Germán Martínez Cázares, ex dirigente nacional del PAN, defensor de Felipe Calderón y de Vicente Fox. Los de Morena que aspi­raban a esos huesos se quedaron fuera.

También le regaló una candidatura –por su­puesto, plurinominal- a San Lázaro a la pirrurris y “tramposa” –así la llamó él- Gabriela Cuevas, quien como desde la ALDF en 2005 hizo todo para que López Obrador fuera desaforado.

Incluso Cuevas fue parte del equipo de Santiago Creel, que fue el candidato panista que le disputó a El Peje la Jefatura de Gobierno en 2000 y que incluso se la ganó, pero un acuerdo de Fox con el PRD le ce­dió el triunfo al tabasqueño.

Así que mientras el líder de Morena pepena puercos, cochinos y ma­rranos, los militantes de su partido se quedan como el chinito: milando, en espera de que les arrojen un hueso.

Y no es por ser ave de mal agüero, pero al igual que en 2006 El Peje llegó con diez puntos de ventaja en las encuestas muy temprano, y em­pezó a cometer tonterías como las que ya empieza a hacer… todos cono­cen la historia.

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