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El nuevo aeropuerto, manzana de la discordia entre la CTM y CROC

Un año antes de iniciar las obras por 180 MMDP, funcionarios de la STyPS autorizaron un sindicato fantasma que birló los contratos a los transportistas de la CTM, ocasionando un severo enfrentamiento con la CROC que persiste hasta la fecha, recalando en el Senado donde se encuentra estancada la iniciativa presentada en diciembre por los senadores Isaías González Cuevas y Tereso Medina

La disputa por manejar los millonarios contratos en las obras del Nuevo Aeropuerto In­ternacional de la Ciudad de México (NAICDMX), ha derivado en una de las peores rupturas del corporativismo sindical de que se tenga memo­ria, entre las dos centrales obreras más numero­sas del país: la CTM y la CROC.

Lejos de los viejos tiempos de la unidad partidista y los acuerdos no escritos, pero siempre respetados, el escenario de indudable enfrentamiento ahora amenaza con echar por la borda la eventual aprobación de las leyes reglamentarias del nuevo sistema de justicia laboral, varadas en el Senado, pese a que en una curiosa simbiosis los legisladores Isaías González Cuevas, líder nacional croquista y Tereso Medina, de filiación cetemista, presen­taron de la mano la iniciativa que terminó por fracturar en su interior a ambas organi­zaciones.

El punto de quiebre inició un año antes de que arrancaran incluso las primeras obras del proyecto del sexenio. A hurtadillas y en un inusual fast track, la Dirección General del Registro de Asociaciones, dependiente de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, conce­dió el 7 de noviembre de 2014 la toma de nota al Sindicato del Transporte de la Construcción, Similares y Conexos de la República Mexicana (SITRAM), según lo establecido en el expediente 10/1350-1, con resolución 211.2.2-4241.

Aparecieron encabezando el flamante sindi­cato Laura Angélica Hernández Ledezma, ligada a la CROC desde hace 15 años en que dirigió el Sindicato Nacional de Trabajadores 20 de No­viembre y ocupó carteras como la Secretaria de Educación, siempre bajo el manto protector de González Cuevas; también enlistado como Secretario General figuró nada menos que el en­tonces presidente del Congreso del Trabajo (CT), Ramón Humberto Ojeda Silva.

Agremiados “fantasma”

Para que el registro y toma de nota del SITRAM tuvieran validez debieron presentarse ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA), copia del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), además de su Comité Ejecutivo Nacional debida­mente protocolizado y un listado de trabajado­res agremiados. Situación que nunca se dio. Un pequeño detalle que la gente de la Secretaría del Trabajo pasó por alto al dar el visto bueno a un sindicato de “fantasmas”.

Siete días después, el 14 de noviembre, Laura Angélica Hernández y el representante legal del Grupo Aeroportuario Ciudad de México (GACM), Carlos Noriega Romero, depositaron ante la JFCA un Contrato Colectivo celebrado por “tiempo indefinido” y en el que se contem­plaban prestaciones a los trabajadores como becas para sus hijos, apoyo para telefonía celular y hasta cursos de planificación familiar, entre otras muchas cosas.

El asunto es que al signarse tal exclusividad no había un solo trabajador laborando y menos se sabía quiénes serían las empresas ganadoras de las primeras licitaciones. ¿Por qué entonces firmar un contrato con tanta anticipación con una líder que desconocía en lo absoluto el ramo de la construcción y el autotransporte?

Al arranque de las obras, en septiembre del 2015, los transportistas de la CTM se die­ron cuenta que el apetitoso botín que impli­caba el desalojo de 25 a 30 millones de tone­ladas de metros cúbicos de tierra y desechos en cinco mil hectáreas, equivalentes a cinco mil viajes diarios, ya había sido repartido a fa­vor de la improvisada dirigente y otros sin­dicatos como el Libertad, de Hugo Bello. Un cifra conservadora dada a RS por las fuentes consultadas, indica que el costo promedio de cada viaje es de tres mil pesos que multiplica­dos por los cinco mil fletes arroja la suma de 15 millones de pesos al día.

Era innegable que la celeridad con que se otorgaron el registro y los permisos al nuevo sindicato, surgido de la nada, ocultaba un ne­gocio de miles de millones de pesos a repartir y una presunta complicidad de las autoridades laborales, lo que motivó a los cetemistas y otras organizaciones a comenzar a jalar el hilo de la madeja, no dando crédito de lo que ocurría al enterarse que era una mujer la que estaba sien­do favorecida y hasta protegida por funcionarios del primer círculo del ex titular del Trabajo, Al­fonso Navarrete Prida. Las versiones apuntaron hasta una supuesta instrucción enviada desde Los Pinos.

Al estallar el conflicto por la repartición de las obras, no les faltaron motivos a los líderes de la CTM para elevar su grito en el cielo al quedar al descubierto que Javier Omar Rodríguez Alarcón, coordinador de asesores del secretario, era quien acompañaba como representante y en la ejecución de trámites a Laura Angélica Hernández. En vano la Dirección de Comunica­ción Social buscó negar el caso diciendo que el personaje en cuestión no laboraba en la depen­dencia, pues en la página oficial aparecía vigente en dicho cargo.

Pese a los reclamos de los transportistas ni Navarrete Prida, ni el titular del GAMC, Federico Patiño Márquez, movieron un dedo al respecto. Todo, al parecer, estaba pactado al punto de que en el primer cuatrimestre del 2016 el SITRAM obtuvo otro contrato de la empresa Coconal, ganadora del concurso para la nivelación del terreno de la magna obra, por un monto de mil 762 millones de pesos.

Declaración de guerra

Dejar fuera a la mayor central del país no era un asunto de menor calado por lo que ante la ce­rrazón de Alfonso Navarrete y sus funcionarios, al dirigente cetemista, Carlos Humberto Aceves del Olmo, no le quedó de otra que brincarse las trancas de la institucionalidad y declarar el 4 de diciembre pasado, en el marco del V Congreso Nacional del Sindicato de Trabajadores Permi­sionarios del Autotransporte, adherente a su central, que en las obras del nuevo aeropuerto “no se están respetando los convenios ni los derechos laborales por lo que no se descarta estallar una huelga en esta megaconstrucción”. Asistentes a la declaración de guerra, aseguran que al externar su arenga, Aceves no dejaba de lanzar miradas de fuego al Subsecretario, Rafael Avante.

Dos días después, el 6 de diciembre, una Coalición Nacional de Organizaciones Sindicales de la CROC, que aglutina a casi tres millones de trabajadores en el país, anunciaban en rueda de prensa su salida de esta central, denunciando prácticas antidemocráticas utilizadas en su ree­lección de marzo de 2016, por Isaías González.

Para enrarecer más el asunto y avivar el fuego cruzado, el 10 de diciembre el senador cetemista Tereso Medina junto con el diri­gente de la CROC, Isaías González Cuevas, presentaron la iniciativa de ley reglamentaria del 123 constitucional en torno a la nueva ley de justicia laboral que machacaba los clavos en la cruz de los trabajadores con la apertura total, y sin restricciones, a la contratación vía outsourcing.

De inmediato y ante la andanada de críticas, González Cuevas salió a declarar que la terce­rización era benéfica para los trabajadores. El 17 de diciembre pasado recibió de inmediato la respuesta de Aceves del Olmo quien lo calificó de mentiroso “y no saber qué hacer para soste­nerse en el cargo”, aludiendo la salida masiva de su central, anunciada días antes.

Pero los misiles cetemistas apenas y co­menzaban a dispararse. Una ojiva de más largo alcance fue lanzada nada menos que desde el auditorio Fernando Amilpa el día 19 en que el líder cetemista recibió en la sede de su central de las calles de Vallarta, y nada menos que en su calidad de presidente del Congreso del Trabajo, a los disidentes croquistas entre los que figuraba Alberto Juárez Bautista, hijo del desaparecido líder de la CROC, Alberto Juárez Blanca.

Foto: Cuartoscuro

La CTM acoge a disidente croquistas

Teniendo a su lado a otro de los emblemáticos líderes de la CTM, Abel Domínguez, Carlos Humberto Aceves les dio la bienvenida y anunció que los estatutos del CT permitían el ingreso de coaliciones de esta naturaleza a su seno. Y para que no quedara duda del tama­ño del enfrentamiento con González Cuevas, señaló “estamos de acuerdo con la posición que ustedes han tomado en virtud de que no les hacen caso y los usan para otros fines”.

Y ya en medio del fragor por recuperar espacios en las obras aeroportuarias, un día después de la acogida a la disidencia croquis­ta, durante una gira en Quintana Roo, el líder cetemista se lanzó contra Tereso Medina al que amenazó con sancionar por haber pre­sentado una iniciativa sin previa consulta a su central.

“Estamos en desacuerdo porque liberar totalmente el outsourcing no es bueno para el trabajador ni los sindicatos”, aseguró.

Fuentes consultadas señalan que, por supuesto, la iniciativa presentada en la Cá­mara Alta fue redactada en su totalidad en Los Pinos con la instrucción directa de ser presentada por los senadores de la CROC y la CTM, sabiendo de antemano que con Miguel Ángel Chico Herrera como presidente de la Comisión del Trabajo y Previsión Social del órgano legislativo, el asunto sería ventilado en el menor tiempo posible.

La institucionalidad y obediencia que debió privar en los sindicatos corporativos, en este caso la CTM, se fracturó por las mi­llonarias cantidades que se les estaban yendo de las manos a sus transportistas; poderosas razones para desatender incluso una orden de las más altas instancias y derivar en un airado reclamo a los funcionarios del Trabajo.

En enero, parece que las aguas volvieron a su cauce y al menos tres sindicatos cetemistas comenzaron a obtener materia de trabajo en las obras del nuevo aeropuerto, el asunto es que en casi dos años, gran parte del pastel ya había sido repartido dejando nuevos millonarios a su paso y un enredo tras de sí con el cobro de las tarifas que bajaron de 9 a 7 pesos por el primer kilóme­tro de arrastre y de 7 a 5 por el resto del trayecto.

Este aparente arreglo supondría que en el Senado la iniciativa de Isaías y Tereso por fin iba a caminar de acuerdo a las instrucciones previas; el asunto es que los recambios en la política na­cional también metieron la mano para acabar de enturbiar las aguas de una reforma que parece condenada a quedar entre los pendientes de la LXIII Legislatura.

Chico Herrera abre boquete al PRI

El 17 de febrero pasado, el presidente de la Co­misión del Trabajo, Miguel Ángel Chico Herrera, envió una carta de renuncia al dirigente nacio­nal del PRI, Enrique Ochoa Reza, anunciado su retiro del partido en el que militó por 40 años.

Apenas dos días antes había declarado que el outsourcing quedaría fuera de la discusión de la iniciativa presentada en diciembre por la CROC y la CTM, pero desechó que esta fuera “contraria a los derechos de los trabajadores”. El fallido candidato al gobierno de Guanajuato, anunció su incorporación a las filas del Movimiento de Regeneración Nacional, sumándose al grupo parlamentario que el PT y MORENA han conformado en el Senado.

Sin un aliado estratégico y en su desespe­ración por sacarla adelante, lo mismo que al nuevo sistema de justicia laboral que, de entra­da, carece de los recursos económicos para la implementación del nuevo Instituto Federal de Conciliación y Registros Laborales, los priístas han incurrido en la falsificación de acuerdos desde la Junta de Coordinación Política para quitar del cargo a Chico Herrera. De hecho, aumentaron de 7 a 9 el número de integrantes de la Comisión del Trabajo y Previsión Social. El asunto es que en el nuevo contexto de las alian­zas, los senadores del tricolor ya no contarán con el apoyo de su ex compañero de partido y ni tampoco estarán de su lado los panistas ahora aliados con el PRD y Movimiento Ciudadano.

La ambición por llevarse la mayor taja­da de los 180 mil millones de pesos de las obras del nuevo aeropuerto, operada con o sin el consentimiento de la Presidencia por líderes voraces, ex funcionarios de la Secre­taría del Trabajo y representantes del Grupo Aeroportuario (GACM), tienen ahora contra las cuerdas a una Reforma Laboral de la que nada quieren saber los líderes del antes sólido e institucional corporativismo sindical, sobre todo los cetemistas a los que terminaron to­cándoles las migajas del monumental pastel.

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