Investigaciones especiales

¿Crisis o renovación del sindicalismo? Un repaso por las teorías y opciones estratégicas

Parte 1: Sindicatos y teóricos de la economía clásica

Temas como el rol de la clase trabajadora en la acumulación capitalista; sindicato, globalización y reestructuración productiva; flexibilización de los derechos laborales; corporativismo, Estado y capital; cultura política y subjetividad obrera; papel de las organizaciones sindicales en los regímenes políticos autoritarios y en los procesos de transición a la democracia; recursos de poder sindical; igualdad y paridad de género;… han sido estudiados desde disciplinas como la ciencia política, economía, historia, sociología y el derecho.

Los enfoques teóricos utilizados para el análisis de los mismos, también han sido múltiples. Destacan, por ejemplo, los supuestos del pensamiento económico clásico, keynesiano, neoclásico y neoliberal; del marxismo-leninismo; de la sociología del trabajo; de los movimientos sociales del sindicalismo; y del sindicalismo sociopolítico, etcétera.

Igualmente, con sustento en cada una de estas visiones se han construido discursos y narrativas cuyo objetivo, por un lado, es recuperar, transformar, reorganizar y afianzar el sindicalismo, para subvertir radicalmente el sistema capitalista; y, por otro, sustentar las estrategias, los cursos de acción y los repertorios de movilización de los trabajadores, con el fin de conquistar y exigir sus legítimos derechos, defender o mejorar sus condiciones laborales y de vida, o cambiar –por la vía legal e institucional– la arquitectura sobre la cual se erige la economía de mercado. No obstante, es incomprensible la gran dispersión y segmentación de la literatura especializada referida a las cuestiones apuntadas.

Es prácticamente imposible encontrar una obra donde se compile esta riqueza teórica. Por esta razón, la serie de artículos que Reivindicación Sindical (RS) pone en las manos de los lectores, tiene tres propósitos fundamentales:

  • Ofrecer un panorama sobre las principales corrientes de pensamiento económico, político y sociológico cuyas reflexiones se refieren al sindicalismo, concebido como un movimiento y un sistema que permite la representación, defensa y promoción de los intereses y derechos de los trabajadores; y, un actor central en la estructura económica, social y política con capacidades y recursos que pueden acelerar o paralizar el desarrollo, el bienestar, la gobernabilidad y la gobernanza, y el futuro de una nación.
  • Fundamentar por qué los sindicatos no están condenados a la extinción, a pesar del acecho permanente de patrones, gobiernos, medios de comunicación u “organizaciones de la sociedad civil” financiadas por consorcios empresariales; las consecuencias que les ocasionan las crisis cíclicas del capitalismo; las transformaciones generadas por la globalización, la reestructuración productiva o la modernización del sector público; y, la ofensiva de los creadores y partidarios del neoliberalismo, entendido como un programa intelectual, económico, político e ideológico. Aun cuando todos estos fenómenos han quebrantado significativamente a los sindicatos, lo cierto es que son actores sociales imprescindibles, que más allá de la lucha económica, tienen la capacidad para atraer, aglutinar y educar a los obreros y trabajadores en la contienda política a favor de la transformación de la realidad, la emancipación de la sociedad y la construcción de un mundo mejor.
  • Exponer que independientemente de las presiones externas, de su crisis, debilidades y trances internos, las organizaciones sindicales tienen alternativas para frenar su declive y recuperar su representatividad, legitimidad, interlocución y centralidad frente a quienes impulsan una poderosa embestida antisindical, siempre y cuando tomen decisiones estratégicas encaminadas a retomar la iniciativa, asumir una actitud proactiva y emprender su propia renovación a fin de liberarse de las prácticas, las inercias y los vicios que explican el desencanto, el alejamiento y la apatía de sus afiliados; y, sacudirse su estigmatización y pésima percepción social.

Sobre estas premisas, el presente escrito contiene una recapitulación de la teoría clásica, keynesiana y neoliberal, cuyas prescripciones económicas, salariales y laborales rigieron la producción empresarial, dictaron las políticas gubernamentales y trastocaron la vida sindical; una sinopsis de las visiones académicas contemporáneas atareadas en la construcción de opciones para apuntalar la fuerza y la longevidad de los sindicatos; y, una revisión de las estrategias delineadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el movimiento sindical europeo y latinoamericano, a través de las cuales se busca superar los riesgos y desafíos encarados por el sindicalismo.

Debo advertir, sin embargo, que con el propósito de abreviar este escrito, se omiten los planteamientos de escuela neoclásica, del pensamiento marxista y leninista. Y, de las escuelas listadas, se hilvanan algunas ideas ineludibles. Por ello, quienes se interesen en esta lectura encontrarán una disertación centrada en las tesis básicas de los autores, esperando despertar su curiosidad y motivarlos a realizar la tarea de profundizar en el estudio de las deliberaciones realizadas por las mentes brillantes historiadas a lo largo del texto.

Los sindicatos mirados por los teóricos de la economía clásica

En 1776, el economista y filósofo británico, Adam Smith publicó su obra “Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones” en la cual condensa su visión en torno al proceso de creación y acumulación de riqueza, y el desarrollo del capitalismo.

Uno de los temas analizados por Smith se refiere al principio de la división del trabajo: “El progreso más importante en las facultades productivas del trabajo, y gran parte de la aptitud, destreza y sensatez con que éste se aplica o dirige, por doquier, parecen ser consecuencia de la división del trabajo”.

A partir del ejemplo sobre la fabricación de alfileres y de clavos, Smith establece que el aumento de la producción se explica por la división y especialización del trabajo, pues impulsa una mayor destreza de cada operario, favorece el ahorro del tiempo que se pierde cuando se pasa de una operación a otra, y promueve la invención de nuevas máquinas que aceleran y abrevian el trabajo.

Con ello, según Smith, la división del trabajo se convierte en el factor fundamental de la creación de riqueza. Afirma que “la gran multiplicación de producciones en todas las artes, originadas en la división del trabajo, da lugar, en una sociedad bien gobernada, a esa opulencia universal que se derrama hasta las clases inferiores del pueblo.

Todo obrero dispone de una cantidad mayor de su propia obra, en exceso de sus necesidades, y como cualesquiera otro artesano, se halla en la misma situación, se encuentra en condiciones de cambiar una gran cantidad de sus propios bienes por una gran cantidad de los creados por otros; o lo que es lo mismo, por el precio de una gran cantidad de los suyos.

El uno provee al otro de lo que necesita, y recíprocamente, con lo cual se difunde una general abundancia en todos los rangos de la sociedad (…)”. El máximo exponente de la doctrina de la “mano invisible”, también establece un contraste entre trabajo productivo y trabajo improductivo. El trabajo productivo y la división del trabajo, afirma, son factores determinantes para el crecimiento económico de las naciones. Para quien es reconocido como el intelectual más ilustre del liberalismo económico, el trabajo productivo es el principal elemento que añade valor al objeto que se transforma en mercancía.

El trabajo productivo, dice: “añade valor al objeto en que se emplea […] se incorpora y realiza en algún objeto concreto o mercancía vendible, que dura algún tiempo tras la finalización del trabajo. En cierta forma es como una cantidad de trabajo almacenada y conservada para su empleo cuando se necesite para alguna ocasión. Posteriormente, este objeto, o lo que es lo mismo, el precio de tal objeto, puede poner en funcionamiento una cantidad de trabajo igual a la que originariamente lo produjo.”

A pesar de la importancia que otorga al trabajo productivo, Smith aclara que los trabajadores improductivos (por ejemplo, las personas ocupadas en actividades domésticas) tienen un cierto valor y, por lo tanto, merecen una recompensa. Pero precisa que los salarios de los trabajadores improductivos no provienen del valor generado por ellos mismos sino de los ingresos de quienes los emplean.

Aunque a la luz de las algunas perspectivas analíticas de la teoría económica, política y sociológica, estos conceptos hoy carecen de sentido; lo cierto es que con esta diferenciación Smith trató de definir qué tipo de trabajo efectivamente estimula la acumulación de capital y el progreso económico. Y, sin proponérselo, contribuyó a precisar las relaciones de clase y de explotación ocultas atrás del proceso de producción, cuya transformación, en todo caso, correspondía a los obreros y sus asociaciones colectivas.

Adicionalmente, para el fundador de la economía moderna: la riqueza es creada por el trabajo (no por el oro ni la plata ni el comercio), la cual puede aumentar con el ajuste automático de la oferta y la demanda. A juicio del graduado y académico de la Universidad de Glasgow, la libre competencia es un mecanismo promotor del bien común y la existencia de un Estado fuerte solo se justifica si garantiza –sin ningún obstáculo– la libertad, la propiedad privada y el funcionamiento de la “mano invisible”.

De acuerdo con el dogma smithiano, un Estado benefactor e interventor, las regulaciones y los sindicatos eran perniciosos para la economía, la sociedad y la propia clase obrera. Por su parte, economistas clásicos como David Ricardo, John Ramsay McCulloch, William Thornton y John Stuart Mill, entre otros, también abordaron los problemas laborales, principalmente a partir de la teoría del fondo de salarios y del modelo de crecimiento.

Conforme a la primera visión, no era viable aumentar el salario de los trabajadores más que en proporción al fondo que disponían los empresarios para ello. Razonaron que cuantos más trabajadores tenga una empresa menor es su salario porque hay que dividir la cantidad prevista entre más empleados.

Acorde con la posición radical sobre el fondo de salarios, si los trabajadores luchaban para mejorar sus condiciones de vida forzando un aumento salarial por encima del nivel determinado por el mercado, provocarían una consecuencia indeseable: desempleo (posteriormente, la teoría monetarista añadiría la inflación).

En particular, en los Principios de Economía Política (1848), John Stuart Mill conjeturó que el precio del trabajo, como el de cualquier otra mercancía, dependía del libre juego de la oferta y la demanda. Para él, la demanda la formulan los dueños del capital y la oferta el número de personas en condiciones de trabajar. Por lo tanto, el salario de los trabajadores se calcula sobre un fondo fijo presupuestado por el empresario, así como la previsión de la producción y venta de los bienes.

El economista inglés reconoció que un incremento de los estipendios generaría un círculo virtuoso puesto que el incremento de la capacidad adquisitiva, estimulaba un aumento de la producción y un mayor fondo de salarios; pero, rechazó esa medida porque la elevación constante de sueldos, haría insostenible la viabilidad de las empresas y agrandaría el desempleo.

Por lo tanto, era preciso eliminar cualquier elemento capaz de paralizar el crecimiento de la producción y la economía. Desde su óptica, los trabajadores no serían los únicos perdedores con el estallido de la inactividad laboral supuestamente provocada por los “altos” salarios.

Los empresarios también resultarían perjudicados pues el aumento incita la subida de los costos de producción, disminuye los montos de inversión y alienta el paro. Dicho en términos más claros, este grupo de científicos defendió la tesis de que no era conveniente elevar el nivel de los salarios porque favorecía la reducción de la tasa de ganancia del capital.

McCulloch, quien difundió ampliamente la obra de David Ricardo, Principios de economía política y tributación (1817), es reconocido por sus aportaciones vinculadas con el análisis económico de los sindicatos y con la defensa de la acción sindical a favor de mejores salarios.Sustentó que una tasa salarial elevada, al estimular la “laboriosidad” y el esfuerzo de los trabajadores para ser más productivos, influía positivamente en el crecimiento económico.

A pesar de lo anterior, McCulloch escribió que el otorgamiento de mayores salarios no siempre resultaba beneficiosa pues si bien fomenta la competencia e incrementa el nivel de consumo, tarde o temprano avivaría la oposición de los empresarios a seguir invirtiendo en los sectores manufactureros que adoptaran un régimen basado en la negociación obrero-patronal.

De la misma forma, vislumbró que en el largo plazo la acción de los sindicatos no podría evitar que los salarios descendieran al nivel de subsistencia. Y, sin proponérselo, puso al descubierto que la esencia del capitalismo descansa en la explotación de la fuerza de trabajo.

(*) El autor es indígena zapoteco. Licenciado en Economía (UNAM) y Maestro en Ciencias de la Educación (ULA). Consultor en educación, movimientos sociales, sindicalismo y sistema político.

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