Opinión

Meade, los debates no son lo suyo

Tras el primer debate, decepcionante para algunos, alucinante para otros, es obligado contrastar con los asuntos trascendentes del país. Lo relevante es destacar qué propuestas y capacidades tienen para gobernar un país con las complejidades y problemas del nuestro, que de ninguna manera podrán resolverse con sortilegios o conjuros, pues requieren  la voluntad y capacidad de todos quienes lo integramos. El 1 de julio no estaremos eligiendo a un comediante, sino a un gobernante.

Ricardo Anaya no deja de ser un hábil demagogo, que manipula a quien sea necesario para colmar sus planes, transparente no es, honesto tampoco y sincero menos.

José Antonio Meade no ofrece reinventar el hilo negro ni descubrir el agua tibia, sino centrar el esfuerzo en la honestidad y su certificación.

López Obrador con  sus propuestas no percibe al México del siglo XXI, que requiere ser competitivo, innovador, eficiente, con crecimiento y bienestar suficientes  para erradicar la dependencia y pobreza ancestrales.

A Margarita se le ve congruente en sus valores, si bien atrapada aún en la fractura provocada por las traiciones y afrentas del candidato del PRD-PAN

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El Bronco se pasó de listo al proponer el retorno de las penas infamantes y violatorias de toda Convención de Derechos Humanos y que serían insostenibles ante cualquier país civilizado del mundo.

Si bien Ricardo Anaya gana el primer debate, será una victoria pírrica si no se traduce en una recuperación clara en las encuestas y si no se percibe como una tendencia al alza en las próximas semanas.

López Obrador no fue necesariamente derrotado, pero tampoco resultó ganador. Su estrategia de navegar de muertito y no responder cuestionamientos han abierto muchas dudas sobre su coherencia y viabilidad de su programa.

El gran derrotado es José Antonio Meade, así lo han percibido los votantes y los expertos. Quedó en evidencia que ni su discurso, estrategia e imagen funcionan, que el lastre del sexenio es demasiado pesado para ganar credibilidad y que él mismo carece del carisma mínimo para conectar con los votantes.

En el caso de los independientes, el Bronco logró ganar presencia a costa de ocurrencias y propuestas irresponsables, mientras que Margarita Zavala desperdicio la oportunidad por sus nervios y la insistencia en un discurso tan predecible como acartonado.

La mayor decepción, sin embargo, radica en la baja calidad de las propuestas. Lo que escuchamos fue una mezcla de voluntarismo, referencias vacías a las instituciones y muchos lugares comunes.

Este 1 de julio, México no solo elegirá a la persona que conducirá los destinos de la nación por los próximos seis años, la disyuntiva entre continuidad y cambio es lo que está en juego.

El país enfrenta numerosos retos. Su atención requiere un análisis serio con objeto de definir las políticas públicas que permitan atenderlos  y,  con ello, garantizar el bienestar de la sociedad.

La clave radica en nuestra decisión de continuidad o cambio que no puede depender de otra disyuntiva: optar entre el miedo y el odio. El hígado no puede ganarle a la razón.

Lo que es claro es que todavía hay campaña y que puede haber sorpresas las próximas semanas.

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