Con la puerta abierta

Traiciones y complicidades

Como en los tiempos del romanticismo, todo es a través de mensajes cifrados.

Mensajes coronados con frases tiernas para anunciar la partida a la guerra.

Los candidatos presidenciales y quienes integran sus llamados Cuartos de Guerra, quieren mandar recados cifrados para intentar suscribir acuerdos y pactos no escritos.

Saben que el enemigo está pertrechado y listo para la cruenta contienda que les espera en puerta. Que de todos lados, se alistan para una colisión anunciada.

No es un escenario lleno de coreografías y montajes. Porque no hay quien tenga un libreto escrito de una obra de la cual ni siquiera podría adelantarse el título, mucho menos el final.

Por el contrario, la sucesión encierra secretos cuyo legado puede garantizarse será de poder a poder.

Así que cada uno de los contendientes, quienes manejan los destinos de los partidos y coaliciones, tendrán que estar listos para combatir y enfrentar las estrategias que incluyen el pillaje y los saqueos.

Es una guerra medieval, en la que los enfrentamientos incluyen un control de las bases fuertes y resguardadas.

En las fortalezas utilizadas como cuartos de guerra, sobra el material bélico para la batalla.

Seguramente aparecerán las traiciones y las complicidades.

Los campos de batalla habrán de teñirse en las sangrientas luchas.

Cada uno deberá ponerse el yermo y la armadura, para salir con la infantería y la caballería.

Bajo las técnicas y formas para buscar el poder, en la llanura nacional la lucha cuerpo a cuerpo dejará víctimas. Heridos, desaparecidos y, a pesar de todo, muertos.

Los regimientos y divisiones, acompañados de la caballería pesada, tienen por objetivo vencer a quienes consideran mercenarios y que son todos los de enfrente.

Sabedor de la importancia que tiene esta guerra, cada uno de los actores principales entiende que las ideas y los códigos son cruciales. Que deben leerse y aplicarse estrictamente sin cometer errores o, de plano, serán víctimas sembradas en los campos de batalla.

Pretender que no sean luchas desordenadas, que los ejércitos se ajusten de manera eficaz para evitar pérdidas injustificadas, es inútil. Es caiga quien caiga y tope donde tope.

En los ejércitos contrarios, que comandan cada uno de los suspirantes, tienen plena conciencia de lo que cuesta la victoria. Pero también de lo que representa la derrota.

Para nadie es un secreto que las guerras se hacen con talento, con estrategia, con armamento y con recursos para financiar las operaciones.

Pero no puede dejarse de lado que los ejércitos requieren capacitación y voluntad, para combatir y conseguir la victoria.

Quienes pretendan ser sucesores del régimen actual, deberán contar con una oferta atractiva. Que rompa los esquemas tediosos, inútiles, fútiles y nefastos hasta ahora conocidos en los dos debates.

Los enfrentamientos deberán sustentarse con argumentos y propuestas atractivas.

La sociedad está cansada de las promesas y los incumplimientos.

La gente lo sabe. Lo pulsa.

Ninguno de los aspirantes tiene argumentos válidos ni pretextos para hacer una campaña de saliva y de engaños. Como hasta ahora lo han hecho todos.

Cierto que el disfraz de las candidaturas independientes se han vuelto un señuelo, pero el hartazgo nadie puede evitarlo.

La competencia por la Presidencia, estará llena de traiciones y complicidades, hasta el último momento. Nadie dará tregua y los mercenarios seguirán apareciendo sin pudor alguno. No entienden de códigos ni de honorabilidad.

Los de trayectorias, ideologías y acciones que se creían antagónicas, sucumben ante el destello de los metales preciosos.

Están decididos a ofrendar su vida desnuda, porque la dignidad hace mucho que la perdieron.

Pruebas y ejemplos sobran. Adefesios ruines que llegaron a la política arrastrados por la deshonra y la ambición. Individuos mancillados por la sospecha de conozcan la honradez.

Son pillos arropados por la avaricia y que arrastrados por la mezquindad, demuestran que aprendieron a ser rapaces en la universidad de la inmundicia.

Eso, ni dudarlo.

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