Trabajadores extraordinarios

Arturo Arteaga soñó con ser árbitro y ahora cuida y administra canchas de fútbol

A sus 68, este hombre de trato se ha entregado en cuerpo y alma a que la Ciudad Deportiva camine sobre ruedas

A sus 68 años, Arturo Arteaga Canela, encarna a las personas trabajadoras y transparentes que todos los días hacen posible que esta ciudad funcione en cada una de sus áreas como la del Instituto del Deporte, organismo encargado del manejo y operación de la Ciudad Deportiva, el sitio de trabajo, desde hace 15 años de este hombre cuya labor pasa desapercibida pero que, sin embargo, es de suma valía para mantener en buen estado no sólo las canchas de fútbol sino otros  espacios del centro deportivo.

Don Arturo entró a laborar  en 2003 como Supervisor de Espacios de Campo;  en 2005 fue Operador de Espacios y Coordinador, siendo el encargado de organizar cada año los aniversarios de la Ciudad Deportiva. En sus manos ha estado también la coordinación de 9 mundiales infantiles, Hace un año lo ascendieron de puesto a Jefe de Supervisión de Espacios.

Sin duda un reconocimiento a su valiosa labor que no ha sido aquilatada con justicia pues luego de 15 años  de laborar sin interrupciones, cada mes le renuevan su contrato y desde que entró hasta la fecha lleva 180 contratos renovados; es decir, que  no cuenta con una base que le garantice su estabilidad laboral y ninguna prestación de ley, tampoco tiene acceso a la seguridad social para atención médica  y no figura en ninguna categoría laboral en la sección 36 del SUTGCDMX.

Todos los días el señor Canela se encarga de revisar que las canchas ya sea de pasto natural o sintético estén en buenas condiciones, que las redes de las porterías estén bien puestas. Cada viernes le llegan las hojas de los horarios en los que los campos serán ocupados con las diferentes ligas que rentan uno o más espacios.

En entrevista para RS nos confiesa que no ha querido levantar la voz y exigir una base por miedo a ser despedido. A pesar que hace poco ascendió de puesto sigue con el mismo sueldo de cuando entró. No obstante, dice estar muy satisfecho por haber tenido la oportunidad de trabajar en algo que le apasiona pues su vida siempre ha sido el fútbol y el arbitraje.

Arteaga trabaja con gusto y siempre está contento pues añade que su labor le ha permitido expresar el amor que siente por los niños. “La niñez para mí es lo mejor, es la que nos va a dar frutos” comenta el señor Canelo al expresar lo que  feliz que ha sido organizando los mundialitos infantiles. En este empeño no no solo ha coordinado los  partidos, además ha buscado la manera de entregares  algún trofeo o medallas para los  ganadores.

Relata que muchas personas le decían que para qué hacía eso de buscar medallas para los niños, y él respondía que los niños tenían que recibir algún premio por su logro.

Canela llegó a conocer personas que le exigían: “regálele una medalla a mi hijo o nieto”. Gente que hasta con prepotencia y voz de mando se lo ordenaban pero don Arturo respondía con la seguridad y tranquilidad  que le caracteriza:  “yo no regalo medallas, esas se ganan” en ese momento llamaba al niño o a la niña para que le pegara al balón y una vez pegándole y metiendo gol, le daba su medalla.

Varios de esos papás o abuelos prepotentes le ofrecían disculpas y le agradecían la lección de no dar las cosas sólo por darlas, “todo se gana”, dice.

Se le preguntó de dónde sacaba los trofeos o medallas para los niños si las autoridades no incluían presupuesto para este fin, y desde hace 2 años que no se realiza el mundialito. Con una mirada tierna y con la voz pausada nos confiesa que para él es un gusto seguir regalando trofeos a los niños que ve jugar en los campos, por eso va a los tianguis a comprar trofeos que muchos chachareros venden. Si el precio llega a estar en el presupuesto de Canela lo compra para limpiarlos, pintarlos y regalarlo a una niña o niño y si no, espera ahorrar para comprarlo.

Otros trofeos los ha conseguido rescatándolos de las bodegas donde los tienen abandonados, Canela pide la autorización y al tenerla se dedica a pulirlos  para sus niños.

Arturo Canela es un trabajador destacado por el amor a su trabajo, a lo que hace a diario, por ser un trabajador honesto, leal con su jefe y amable con sus compañeros. Él se siente orgulloso de jamás sacar  algún provecho  por los espacios de campo “el cobro de la renta del lugar se hace directamente en el banco no conmigo, yo no tengo nada que ver sólo soy responsable de llevar la agenda de los campos y que estén en buen estado”, refiere.

Con una gran sonrisa dice estar satisfecho de ser como es, de hacer lo que le gusta. Para él no es pretexto la injusticia laboral que vive al no gozar de una plaza para no cumplir en su área de trabajo. Al contrario, le llena de satisfacción poder decir que jamás ha fallado o recibido quejas por realizar mal su labor, tampoco ha tenido faltas. Arturo invita a todos los trabajadores a hacer lo que les guste para realizarlo con pasión y dedicación. Saber ser amigo, jefe, ser leal con todos. Canela es feliz y está satisfecho por la vida y por las oportunidades que ha tenido.

Arteaga está complacido con Yuri Herrera Muñoz, Jefe de Control de Espacios, pues comenta que lo que ahora ha obtenido de su jefe inmediato, no se lo dieron ningunos de sus dos pasados jefes. “Tengo una oficina propia, un nuevo puesto, me siento respetado y valorado con lo que hago” resalta.

Los días que labora es de martes a domingo, antes su  horario era de 9 de la mañana a 7 de la noche, ahora agradece que su jefe Yuri le diera la libertad de no tener hora de entrada ni de salida, por gusto propio Canela llega a las 9:30 de la mañana y sale 5:30 de la tarde.

El sexagenario estudió para ser árbitro y trabajó varios años en eso, cuenta que no logró pitar en partidos profesionales pero se siente orgulloso de haber podido estudiar y trabajar en algunas ligas pequeñas. Gracias a dedicarse al arbitraje estuvo ligado con los torneos de Armando Quintero y después en alguna campaña política del hoy Alcalde de Tláhuac.

Arturo Canela relata que mientras trabajaba como taxista, un día le hizo la parada el Juan Manuel Vázquez quien después se convirtió en un buen amigo de Canela. Ambos estuvieron en una de las campañas de Armando Quintero. Tiempo después ese amigo se colocó a lado de Quintero y jaló a Canela a trabajar en la Ciudad Deportiva. Así fue como comenzó a laborar.

A Canela no solo se le puede apreciar su  gran pasión  por lo que hace, sino su lado noble y humano. Es un trabajador destacado sin necesidad de trascender como estrella de algún deporte u otra actividad. Brilla con luz propia.

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