El personaje

El oficio del toreo, presente en nuestra historia nacional

Héroes de la independencia como Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y José María Morelos y Pavón, fueron aficionados a la fiesta brava (Segunda parte y última)

Si bien como profesión la tauromaquia inició en México a mediados del siglo XIX, su práctica data de hace casi 500 años. En 1526, para festejar el retorno del conquistador Hernán Cortés de las Hibueras –Honduras–, luego de una ausencia de 20 meses, se celebró la primera corrida de toros en el país en lo que es hoy la plancha del Zócalo capitalino. Los anales de la historia narran que en su lucha contra los árabes y los moros, el ejército español encontró en el arte del toreo a caballo la manera de tener en forma a sus tropas para la cruenta batalla, lidiando ganado bravo de la raza Hurus. De tal forma que tras la conquista el toreo nació como parte del sincretismo de dos culturas.

Es Francisco Dóddoli Villaseñor, dirigente de la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares (ANMTNRS), quien refiere lo anterior para explicar que quienes buscan acabar con la fiesta brava, desconocen sus profundas raíces históricas y culturales que encierra este oficio del que subsisten de manera directa e indirecta, miles de personas en todo el país.

Paco Dóddoli, como le conocen en el ambiente taurino, explica en su entrevista con RS que  las corridas de toros han enfrentado inercias en su contra no solo ahora con el movimiento animalista, sino a través de la historia como ocurrió nada menos con el veto impuesto a la actividad por el presidente Benito Juárez que en su periodo de gobierno, prohibió las corridas por 14 años, por adeudos en el pago de impuestos al ayuntamiento de la Ciudad de México de los dueños de las entonces rústicas plazas.

Años más tarde Porfirio Díaz las volvió a autorizar para nuevamente ser prohibidas en el gobierno de Venustiano Carranza, hasta que llegó a la Presidencia Adolfo de la Huerta levantando la censura oficial y permitiendo que los primeros toreros pudieran ejercer su peligroso oficio sin contratiempos políticos.

No puede soslayarse que ya en la época independentista, personajes de la talla de Don Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, al igual que Ignacio Allende, fueron aficionados a la fiesta brava y décadas más tarde, matadores  como Bernardo Gaviño, Ponciano Díaz, Antonio Fuentes, Vicente Segura y Rodolfo Gaona, se convirtieron en ídolos populares durante finales del siglo XIX y principios del siglo XX en nuestro país.

Desde aquellos tiempos, rememora Paco Dóddoli, el oficio del toreo  no ha sido nada fácil pues para llegar a las marquesinas y el estrellato, ayer como hoy, primero hay que ingresar a la categoría de novilleros para lo cual, en la actualidad, es indispensable conseguir un padrino que financie la carrera de los aspirantes a matadores. Un novillero, en la generalidad de los casos –comenta Dóddoli–, no cobra por torear en plazas incluso como la México; a veces, dice se les conceden apoyos que van de los dos a los cinco mil pesos. Pero hasta ahí. Llegar a tomar la alternativa para acceder a los carteles estelares no es un camino fácil.

Y el peligro a  que se enfrentan en el ruedo es similar al de los toreros consagrados; el toro no respeta edades ni fama alguna porque el toreo en sí, es un oficio de alto riesgo. Y si bien como explicó en la primera parte de esta entrevista el dirigente de los matadores del país, quienes se dedican al expuesto  arte de la tauromaquia cuentan con un seguro colectivo que les garantiza ser atendidos en caso de un accidente en el ruedo a cambio de pagar su cuota cada vez que torean –donde se incluye también  a los novilleros–, así como un seguro de vida, las enfermedades comunes al resto de la gente no son cubiertas por este sistema de protección.

Tanto matadores como novilleros deben pagarse sus gastos médicos extras por lo que señala Paco Dóddoli, siendo director del IMSS Mikel Arriola –ex candidato al gobierno de la CDMX y aficionado a la fiesta brava–, se llegó a un acuerdo para que quienes desearan afiliarse al Seguro Social pudieran hacerlo y con ello, garantizar atención médica a sus familias, pagando sus respectivas cuotas.

Ser torero no es un oficio barato, refiere Paco Dóddoli, pues un traje de luces con ornamentos de plata oscila entre los 20 y 25 mil pesos, pero uno de los utilizados por los consagrados del redondel puede superar los cien mil pesos si los atavíos son de oro. Por eso los novilleros deben conseguir padrinos –patrocinadores–, porque difícilmente un muchacho que empieza su carrera puede tener los recursos para pagarse su traje de luces.

Y si bien hay toreros de fama internacional que llegan a cobrar hasta millón y medio de pesos por corrida— cantidad a la que deben descontar el pago de impuestos a Hacienda–, su equipo básico de ayudantes entre los que se cuentan al menos dos picadores, dos banderilleros y un mozo de espadas, además de su representante y en algunos casos, chofer, los hace destinar buena parte de sus gastos al pago de sus emolumentos.

Los matadores y rejoneadores saben que en casi  cuatro meses al año, del 6 de mayo en que se celebra la última corrida en la Feria de San Marcos hasta el mes de agosto en que arranca la Feria de san Luis Potosí, el trabajo se detiene por la temporada de lluvias, uno de los mayores impedimento para las corridas. De ahí que muchos que son figuras internacionales salen a torear al extranjero.

A la par del sindicato de matadores y rejoneadores, puntualiza Paco Dóddoli, hay otro gremio en la fiesta brava que agrupa a unos 250 banderilleros y 240 picadores, la llamada Unión Mexicana de Picadores,  incluso más antigua que la ANMTNRS, pues tiene 72 años de existencia, lo que habla de la forma en que los trabajadores de esta muy particular agroindustria –como la define la SAGARPA–, se han  ido agrupando para protegerse de percances e imprevistos en el ruedo.

El toreo, a decir del líder de los matadores mexicanos, tiene un futuro promisorio por delante, pues además de los 32 jóvenes novilleros que se baten con valor y entrega en las plazas del país buscando la fama y la fortuna en las 82 corridas organizadas por los empresarios bajo el proyecto “Soñadores de Gloria”, hay escuelas de toreo en varios estados del país como Aguascalientes, donde desde los 6 años,  y con el consentimiento de sus padres, los prospectos a vestir el traje de luces y enfrentar en el redondel a los astados, aprenden el ABC de un oficio que nació con la fusión de dos culturas y ha ido de la mano de nuestra historia nacional.

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