Diván de la utopía

Sindicatos y la nueva Reforma Laboral

Con una Reforma Laboral aprobada por la presión de la representante demócrata Nancy Pelosi para abrir el cauce de la ratificación final del T-MEC, los foros de análisis de la Cámara de Diputados y los que aún faltan por realizarse en el Senado, resultarán vanos intentos de plasmar en el documento final los consensos y puntos de vista de sindicatos y expertos en la materia.

La aprobación fast-track en San Lázaro tomó desarmado a un corporativismo en franca picada, que en las últimas semanas apenas y logró ponerse de acuerdo en el seno del Congreso del Trabajo para organizar el desfile del Primero de Mayo, sin los apoyos oficiales de otros tiempos; pero por el lado izquierdo de la acera, las cosas no pintan bien para un sindicalismo independiente que no acaba de acomodarse en los vaivenes presidenciales ni a los ajustes ideológicos de un naciente sector obrero de Morena que ya juega sus propias cartas con nacientes organizaciones como Petromex y cuestionables aliados como la CATEM de Pedro Haces.

El nuevo modelo que viene en camino en materia laboral no promete en el corto plazo cambios sustanciales al dejar para más adelante la atención de temas como el outsourcing y los olvidados jornaleros agrícolas. A cinco meses de iniciado el gobierno de la Cuarta Transformación, los cambios espectaculares del pasado no se dieron como tampoco la reedición de un “quinazo” al estilo salinista, que se esperaba desplazaría en el corto plazo a dirigentes como el líder petrolero, Carlos Romero Deschamps.

Durante su campaña, el hoy presidente anunció que en su gobierno no se cobijarían los cacicazgos sindicales lo que desató una fiebre disidente en uno de los gremios más poderosos e importantes del país; de hecho, el pasado año y luego del triunfo de López Obrador, decenas de corrientes sindicales aparecieron por todo el país y en todas las secciones petroleras buscando apoderarse del ansiado “cuerno de la abundancia”.

En el pecado de la ambición llevaron la penitencia, pues lejos de haberse constituido con base en base la unidad y programas de acción en grupos compactos que les disputaran el poder a los dirigentes locales, terminaron atomizando los votos confirmando la máxima: divide y vencerás. Obvio, los vencedores fueron los líderes seccionales afines a Romero Deschamps.

Para el nuevo gobierno, el asunto de haber alentado falsas expectativas no únicamente en el gremio petrolero, sino en el magisterial, al hacer pensar que la liberación de la maestra Elba Esther Gordillo la instalaría en automático al frente del SNTE, vino a confirmar que el presidente no es muy afecto a cumplirle a sus aliados que le apoyaron en la coyuntura electoral del 2018.

De hecho, parece que los dirigentes de Petromex, que ya cuenta con registro oficial, le van a apostar no por arrebatar el STPRM al ex senador priísta, sino por restarle su membresía. La tesis de la democracia sindical, planteada como uno de los puntos medulares de la reforma, no será fácil de aplicar en el corto plazo, sobre todo porque primero habrá de enseñarse a utilizarla a una clase trabajadora que por décadas se acostumbró a alzar la mano o acatar las órdenes de sus dirigentes —a los que en muchas ocasiones ni siquiera se dieron el gusto de conocer por los contratos de protección—.

Lo mismo ocurrirá con el ejercicio de la transparencia, pues a pesar de que las leyes en la materia obligaban desde 2015 a los sindicatos que recibían recursos públicos vía cuotas u otras prestaciones, a informar a detalle sobre el empleo de los mismos, estos nunca se preocuparon por acatar tan disposición.

Luego de años de esquilmar a miles de jubilados, las autoridades empiezan a tratar de meter en cintura a la dirigencia nacional del sindicato ferrocarrilero que de manera ilógica e injusta, y con el contubernio de gobiernos pasados, les descontaba de sus magras pensiones cuotas sindicales a ancianos enfermos y empobrecidos.

Hay otro sector al cual el gobierno de la 4T deberá hacer entender que las cosas tienen que cambiar, al menos en algunos aspectos, como la recuperación salarial; los empresarios se mal acostumbraron por más de tres décadas a pagar salarios mínimos que terminaron como los más bajos de los países miembros de Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) e, incluso, de todo el continente.

Si el contenido de la Reforma Laboral fue un traje a la medida de la negociación del T-MEC, seguramente que resultará un engendro que no aportará los beneficios esperados para la clase trabajadora. Un factor que seguramente inclinará la balanza en favor de los empresarios, tanto nacionales como extranjeros, son los magros pronósticos para el crecimiento económico estimado en no más del 2 por ciento anual del PIB, para este año.

Este porcentaje, señalan expertos, será insuficiente para generar los puestos de trabajo que requiere el país y dar empleo a su Población Económicamente Activa que cada año demanda acomodo para un millón de trabajadores. Con toda seguridad que los dueños del dinero, tan proclives a los contratos de protección, solicitarán una aplicación “light” de la nueva reforma a cambio de realizar más inversiones.

En este contexto, los sindicatos tendrán en sus manos el pulso exacto de la verdadera intención oficial por defender a los expoliados trabajadores del país. Algunos aseguran que el desencanto por venir será mayúsculo. Cosa de tener paciencia para comprobarlo o descartarlo y saber a detalle los verdaderos alcances de la nueva reforma.

Nuestro correo: rugidosrs@gmail.com

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