Diván de la utopía

La rebelión contra Juan Ayala

La imaginaria unidad pregonada por el endeble Juan Ayala Rivero terminó por derrumbarse ante las cámaras de televisión cuando su antes aliado, Hugo Alonso Ortíz, dirigente de la sección mayoritaria del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México (SUTGCDMX), le dejó en claro que va por él y en fecha próxima le tomará las oficinas de Antonio Caso. El líder de la Sección Uno le dejó bien claro que su “ciclo ya terminó”.

Hace un año, ambos personajes se tomaban las manos y sonreían apoyando a la entonces candidata de la coalición del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, Alejandra Barrales. Todo marchaba de acuerdo a sus planes y bajo la batuta del azufroso y mefistofélico secretario de gobierno, Héctor Serrano.

El objetivo siempre fue uno: impedir a como diera lugar que Claudia Sheinbaum llegara la Jefatura de Gobierno, para lo cual emplearon todas las malas artes a su alcance, triangulando millonarios recursos y  obligando a los trabajadores a realizar un proselitismo en contra de su voluntad.

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Ante su rutilante fracaso se dijeron “institucionales” y ponderaron “la unidad” del Único, tratando de congraciarse con el nuevo gobierno local.

A la distancia, Hugo Alonso y una decena de secretarios seccionales han terminado por traicionar a su presidente, quien en uno más de sus errores amenazó a los asistentes al mitin del Zócalo con sanciones administrativas. “Que no se olvide que fueron los trabajadores los que lo pusieron donde está; que ni se atreva a imponer sanciones porque vamos ir él, le vamos a tomar en sindicato”, enfatizó ante las cámaras el dirigente de los más de 15 mil trabajadores de limpia.

Para las bases del sindicato mayoritario de la Ciudad de México el rompimiento de buena parte de sus secretarios seccionales con Juan Ayala, es el evidente síntoma de descomposición que debe llevarlos a evaluar la necesidad de democratizar el método para elegir a su nuevo presidente.

Los cambios de la Reforma Electoral les permiten utilizar el voto libre, universal y secreto para llevar al liderazgo a un personaje  que ya no sea electo por una cúpula de tan solo 120 delegados que se asumen como la voz y voluntad de 110 mil trabajadores. El propio Hugo Alonso señaló que los estatutos no le impiden ir en pos del trono de Juan Ayala, quien lleva 7 años en el cargo.

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La fractura no tiene vuelta de hoja y Hugo Alonso buscará ser el nuevo líder del SUTGCDMX, pero la pregunta es con el apoyo de quiénes. No se descarta que esta insurrección en contra del ya minado Juan Ayala esté alimentada por quienes hace un año le orquestaron el juego sucio a la hoy Jefa de Gobierno, entre ellos su antecesor, Miguel Ángel Mancera, el hoy diputado ex secretario de gobierno, Héctor Serrano y hasta el truculento Miguel Ángel Vázquez Reyes, ex Secretario de Desarrollo de Personal y Capital Humano.

El problema para Hugo Alonso, es que en su anunciada insurrección se hizo acompañar de personajes realmente impresentables como Héctor Carreón, de la Sección 12 y Miguel Ángel Reyes Guerrero de la Sección 21. Carreón fue de los activos opositores a la doctora Sheinbaum a quien incluso profirió insultos personales a través de las redes sociales. A Reyes Guerrero diversos medios lo evidenciaron como el responsable de la compra de voluntades para apoyar la campaña de Alejandra Barrales. Ambos tienen cuentas pendientes con la justicia y no son buenas cartas de presentación para vender a las bases un auténtico cambio en el Único.

Las autoridades capitalinas deberán poner mucha atención a este desprendimiento que por cierto viene a alterar otro de los proyectos que funcionarios como Jorge Luis Basaldúa, Subsecretario de Política Laboral, viene fraguando para tenderle la cama a Juan Ayala en la persona del líder de la Sección 2, Jacinto Gaona.

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En medio de este nuevo berenjenal es necesario ponderar cuál será el papel de las mayorías del Único. Bien haría el gobierno de la doctora Sheinbaum en apoyar un verdadero movimiento democrático que destierre los  vicios y corrupciones que ahora salen a la luz.

Dejar a sus declarados enemigos en el control del sindicato mayoritario de la ciudad es anular la voluntad democrática de los trabajadores y condenarlos a un nuevo periodo de represiones y regresiones sindicales donde unos cuántos son los que se enriquecen con los cargos de representación.

Indudable que los días de Juan  Ayala están contados. Desde aquí le enviamos su primer RIP.

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