Investigaciones especiales

El crimen de Muñoz Mosqueda acabó con la era de Fidel Velázquez

Gilberto Muñoz Mosqueda ya pensaba en retirarse, pero sus verdugos no le permitieron pasar sus últimos días de vida junto a los suyos

El asesinato del dirigente octogenario sindical de los trabajadores de la industria petroquímica, Gilberto Muñoz Mosqueda, ocurrida sólo unos días después de promulgada la reforma laboral ante presiones de Estados Unidos para dar entrada al acuerdo comercial T-MEC, exhibió la indiferencia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador por el sindicalismo histórico, lo que le mereció al Presidente reproches de la Confederación de los Trabajadores de México (CTM).

El sábado 11 de mayo terminó, definitivamente en la CTM, la era de Fidel Velázquez. El asesinato, en Salamanca. Guanajuato, de Muñoz Mosqueda conmocionó a sus agremiados al enterarse que fue atacado por un comando mientras conducía su camioneta en Salamanca. El secretario general sustituto de la CTM no sobrevivió.

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Durante más de cuarenta años dirigió a los trabajadores de la industria petroquímica. En los años 80 y 90 del siglo pasado, Fidel Velázquez, líder histórico fundamental en la construcción del México actual, incluyó a Muñoz en el selecto grupo de quienes podían ser sus sucesores.

Alejado de los escándalos, el protagonismo y sin señalamientos de enriquecimiento ilícito ‑algo poco común en el sindicalismo mexicano‑, Muñoz Mosqueda construyó un modelo de liderazgo basado en la negociación y ajeno a movimientos estridentes que dañaran a las empresas con las que tenía contratos colectivos.

Priista hasta la médula, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Química, Petroquímica, Carboquímica, Similares y Conexos de la República Mexicana, se acercaba a cumplir 84 años. En diversas ocasiones había externado a sus cercanos la intención de retirarse de la vida del sindicalismo, pues se sentía agobiado por los problemas para caminar.

En una paradoja, su muerte se convirtió en un escándalo público, con un gobierno indiferente por la magnitud de los hechos e intercambio de sospechas entre los senadores Carlos Aceves del Olmo y Napoleón Gómez Urrutia. El primero dejó abierta la posibilidad que el asesinato pudiera deberse a pugnas por el poder sindical con la Confederación Internacional Sindical, y el segundo ‑dirigente de esta organización‑ descartándolas con el calificativo de irresponsable.

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Tras el homicidio, fue colgada una manta en Salamanca, con las siglas del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en la que se leía que asumía la autoría del ataque, pero horas después ‑a través de mensaje por WhatsApp‑, la organización criminal rechazó y culpó a Marco Antonio El Marro Yepez Ortiz, señalado por el gobierno federal de ser el principal líder huachicolero en Guanajuatode de ordenar la ejecución de Gilberto Muñoz.

Todo un personaje

“Fidel Velázquez, equilibrio de la patria”, dijo Gilberto Muñoz Mosqueda, en 1982, cuando por primera vez el líder indiscutible de la CTM lo incluyó entre los cinco perfiles con posibilidades reales para sustituirlo cuando ya no estuviera. En esa lista también figuraban Leonardo Rodríguez Alcaine, dirigente del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, quien en 1997 asumió el liderazgo de la central.

“Nadie tendrá nunca la talla de Fidel Velázquez”, señaló Muñoz Mosqueda en esa oportunidad. Tenía entonces 46 años de edad y apenas cinco de haber asumido la secretaría general de su sindicato. Las suyas fueron palabras proféticas: con la desaparición de quien había sido su secretario general de manera ininterrumpida desde 1950 -en la década de los cuarenta había ocupado en dos en ocasiones el cargo-, la CTM no ha vuelto a tener la influencia que alcanzó en el país en aquellos años.

Entre 1982 y 1988, Gilberto Muñoz Mosqueda fue uno de los 14 senadores de esa central -tuvo además 50 diputados federales, dos gobernadores y un subsecretario de Estado en Alfonso G. Calderón y un ministro de la Suprema Corte, con Juan Moisés Calleja-. Junto a Blas Chumacero, Alfonso Sánchez Madariaga, Joaquín La Quina Hernández Galicia y José María Martínez ‑todos ya desaparecidos‑ integraron el primer grupo de entre quienes saldría el siguiente dirigente de la CTM, entonces una central con una influencia política decisiva en el país.

Eran los tiempos en que Fidel Velázquez había destapado la candidatura presidencial de Miguel De la Madrid, y en octubre de 1987, unos días antes que Carlos Salinas se convirtiera en el abanderado del PRI a la Presidencia de la República, una tarde acudió a las instalaciones de Vallarta 8 para obtener su beneplácito.

Luego, en mayo de 1991, nuevamente Fidel Velázquez lo incluyó en la lista de sus posibles sucesores, entre ellos además, Emilio M. González, Blas Chumacero, Leonardo Rodríguez Alcaine y Salvador Esquer Apodaca. 

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No fue secretario general de la CTM, porque frente a los petroleros, electricistas y azucareros, su sindicato era más pequeño: en su mejor etapa llegó a tener poco más de 25 mil afiliados.

Heredero de Hermenegildo J. Aldana, quien desde el 20 de julio de 1962 hasta 1978 ocupó la secretaría general del Sindicato de la Industria Química y Petroquímica que había fundado ‑fue reelecto en dos ocasiones- a instancias de Fidel Velázquez como contrapeso al creciente poder que acumulaban los petroleros. 

La última gestión que conducía Muñoz Mosqueda, concluía en 2020, la que de haber terminado, si su vida no hubiese sido apagada por las balas de una ráfaga que le dispararon desde un automóvil, habría sido dirigente sindical casi cuatro décadas y media.

Muñoz Mosqueda nació el 30 de diciembre de 1935 en San Juan del Río, Querétaro, pero muy joven se trasladó a Guanajuato. Fue diputado federal y local, además de presidente municipal de Salamanca. “No pertenezco más que a un grupo, el de Fidel Velázquez”, le dijo a Salvador Corro, de la revista Proceso cuando en la segunda ocasión se le incluyó entre sus posibles sucesores.

La suya fue una verdad: a la muerte del viejo líder que empezó como lechero en El Rosario, se refugió en su sindicato, convirtiéndola en una organización ejemplar, “muy bien cuidada”, como señaló Aceves del Olmo en una entrevista con Ciro Gómez Leyva en su noticiero de Radio Fórmula.

Impulsor de la creación del IMSS y del Infonavit

Una expresión del desaparecido dirigente de los trabajadores de la industria petroquímica que resume exactamente la influencia que la CTM y su dirigente tuvieron en los últimos cincuenta años del siglo pasado para permitir la industrialización del país. Impulsor de instituciones fundamentales como el IMSS y el INFONAVIT, entre las más destacadas.

A poco más de dos décadas de la muerte de Fidel Velázquez, el movimiento obrero organizado del país no es más lo que fue. El asesinato de Muñoz Mosqueda exhibió una realidad lastimosa: tres días después, el gobierno federal no había asumido una posición, lamentó Aceves del Olmo en la entrevista con Gómez Leyva, y reprochó: “Estamos muy lastimados”.

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Incluso el dirigente de la CTM externó sus temores de que esa muerte se convierta en una más de la numeralia de los lideres que matan.

“No es una cosa menor” el asesinato de Muñoz Mosqueda, planteó en un reproche hacia el gobierno federal. Y lamentó que la secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde Luján, “no tenga idea de lo que está pasando”.

“Estamos muy lastimados”

Con esa afirmación, a la que agregó otras dos igual de contundentes: “Ni siquiera un pésame del gobierno. Hubo un absoluto silencio. Fue un desprecio total al asesinato de una gente buena”, expresó Carlos Aceves del Olmo.

Y se dolió que durante diez horas el cuerpo de Muñoz Mosqueda hubiese permanecido en la camioneta donde fue acribillado, en espera del Ministerio Público que diera fe de los hechos y ordenara el levantamiento de su cadáver. “Estamos extrañados, estamos asustado. No sentimos (del gobierno federal) ninguna reacción “, admitió.

Tituló el periódico La Jornada el editorial que publicó en su edición del domingo 12 de mayo para referirse al asesinato del dirigente de los trabajadores de la industria petroquímica.

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“Lejos de los días de su fundación y mucho más distanciada aún de las épocas en que se ostentaba como única representante legítima del ‘movimiento obrero organizado’ -aunque en la práctica siempre vinculaba su destino con el de los gobiernos en turno- la Confederación de Trabajadores de México recibe, ocasionalmente, los golpes de una violencia que en su caso aparece como ligada a la propia actividad interna de la organización”, señaló en el primer párrafo.

Más adelante, en el quinto y sexto párrafos de ese editorial, puntualizó: “Con una estructura organizativa anquilosada, una cúpula dirigente cuya longevidad sólo comparable a su inacción, y una posibilidad de volver a ser parte importante del sistema político cercana a cero, la organización fundada en 1936 tiene enfoques que muy a menudo se apartan escandalosamente de la realidad.

En las pasadas elecciones, por ejemplo, la CTM pronosticó que José Antonio Meade (a quien llamó el candidato de la esperanza) ganaría cómodamente la Presidencia de la República. En consecuencia, vaticinó un futuro brillante para sí misma, donde volvería a ser ‘protagonista en la defensa de los trabajadores’ Entre quienes no le creyeron estaba la Confederación Sindical Internacional, que en diciembre de 2018 decidió expulsar de su seno a la CTM por llevar a cabo -dijo- acciones contrarias a los principios y valores de esos mismos trabajadores.

“Los homicidios de esta semana -previamente se había referido también al de Jesús García Rodríguez, dirigente  de la central en Cuernavaca- reflejan, entre otras cosas, la opaca realidad de la central obrera, su fragmentación (los hechos de violencia parecen tener carácter estrictamente local y sin ninguna relación entre sí) y un deterioro completamente acode con la pérdida de peso específico de la actividad sindical en todo el mundo”.

Concluye un ciclo

La desaparición de Muñoz Mosqueda cierra el ciclo de la influencia de Fidel Velázquez en la CTM, de la que su historia no se entiende sin su líder histórico, y en lo que queda del otrora movimiento obrero organizado del país. Si bien es cierto subsisten personajes como Armando Neyra Chávez que crecieron al cobijo de aquel, carecen de la influencia que tuvieron dirigentes como el de los trabajadores de la industria petroquímica.

La última interrogante es conocer si el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Química, Petroquímica, Carboquímica, Similares y Conexos de la República Mexicans, está preparado para enfrentar los embates de la Cuarta Transformación en aras del sindicalismo democrático.

Este 15 de mayo, sus agremiados rindieron un homenaje póstumo a Gilberto Muñoz Mosqueda en la sede nacional de la CTM. Ahí se volvieron a escuchar algo que ya es común entre los mexicanos: “Tenemos miedo ante la ola de violencia y de las ráfagas de balas que nos puedan alcanzar”.

La estela de muerte en el sindicalismo

El pasado 9 de mayo, apenas estaba por repuntar el mediodía en la Ciudad de la Eterna Primavera. Los problemas de desorden en la vía pública por la presencia del ambulantaje en el Centro de Cuernavaca, Morelos, propiciaron que el secretario de Desarrollo Social convocara a una conferencia de prensa. En la plaza principal de la turística urbe se llevaban a cabo dos concentraciones.

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Ahí, a unos metros del Palacio de Gobierno del Estado, donde se supone que despacha el exfutbolista y figura del Club América convertido en gobernador morelense, Cuauhtémoc Blanco -nacido en la colonia Morelos de la Ciudad de México-, apareció un joven sicario, apenas pasados los 20 años de edad, y con el arrojo de la juventud no lo pensó y con el arma que llevaba a la luz pública comenzó a disparar cuantas veces pudo contra dos objetivos: Jesús García Rodríguez, perteneciente a la Sección 15 de la CMT estatal, el líder de la misma.

García Rodríguez recibió los impactos de bala, junto a él Roberto Castrejón integrante también de esta organización priista. 

A la familia García Rodríguez, la tragedia la tiene marcada. Hace exactamente dos años el hijo de Jesús fue asesinado durante una cabalgata para anunciar la Feria Cuernavaca 2017. Una actividad que se disputan diversos organizadores y lo único que ha dejado es un espectáculo de violencia al ocurrir la muerte de “Don Chuy”, como le decían al fallecido cetemista, en el corazón de la capital del estado en medio de cámaras de televisión y micrófonos.

Hasta ahora, al cierre de esta edición, el motivo de ambos crímenes en la turística Cuernavaca no ha sido resuelto, pese a que hay un detenido, Maximiliano, quien se reservó su derecho a declarar. 

Hoy se sabe que tendrán que pasar cuatro meses para saber la sentencia que le espera, plazo que dio un juez para el cierre de la investigación.

Sin embargo, las pesquisas que ha arrojado el doble homicidio es la disputa de la Feria de Cuernavaca por parte de agrupaciones sindicales.

En una entrevista difundida en el programa televisivo de Carlos Loret de Mola, el fiscal general de Morelos, Uriel Carmona, dijo que hay 30 servidores públicos bajo investigación que incluye la desaparición del arma que usó Maximiliano en el ataque contra los cetemistas.

Refirió que el joven detenido tras la agresión directa pudo estar en la escena del crimen entre 15 y 20 minutos analizando cómo cometer el trabajo por el que habría recibido un pago aún sin precisarse, aunque el padre de una de las víctimas dijo que fueron 300 mil pesos, pero unos días después el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que era lamentable que un joven matará por cinco mil pesos.

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Además, se investiga la presencia de otro masculino, quien aprovechó la confusión y el movimiento de personas, inmediatamente luego de que las víctimas fueran atacadas, para acercarse a una de éstas y llevarse un objeto, y que no se sabe si se trata de un teléfono celular, una pistola o un reloj, dijo el fiscal.

En tanto, el doble crimen ha dejado un daño colateral. La organización Artículo 19 ya pidió protección para los periodistas que cubrían las actividades de ese 9 de mayo, que fueron testigos y -al menos dos- víctimas de Maximiliano.

Varios de los reporteros han sido buscados para ser entrevistados por medios de comunicación nacionales para compartir lo vivido ese día, pero su vida hoy puede estar en peligro de no atenderse la alerta que ha lanzado Artículo 19, dedicada a la protección de los trabajadores de la prensa.

Con información de Aída Hernández

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