Investigaciones especiales

En bibliotecas, víctimas del abuso institucional

La Biblioteca Vasconcelos se convirtió en el estandarte de los trabajadores de la Secretaría de Cultura, quienes desde hace varios años padecen las malas condiciones de trabajo.

Su cierre al público el pasado 15 de junio por parte de trabajadores sindicalizados que exigían aumento salarial y mejores condiciones de operación, alborotó a la comunidad no sólo artística y cultural, sino que llegó al terreno político y se transformó en un fenómeno viral que puso en la palestra los problemas que ocurren en las bibliotecas más importantes de la Ciudad de México.

Presupuestos mal ejecutados, descuido total en la vocación de fomento a la lectura, abusos hacia los trabajadores, nepotismo y el incumplimiento al aumento en los salarios, son solo algunas de las irregularidades denunciadas por los trabajadores.

Con la llegada de la nueva administración federal y la designación de Alejandra Frausto como Secretaria de Cultura, el Sindicato Nacional Democrático de Trabajadores de la Secretaría de Cultura (SNDTSC) intentó una nueva vía de negociación, pero fue en vano.

La primera acción de presión fue cerrar al público la Biblioteca México, en la Ciudadela, pero pasó desapercibido el movimiento. Escalaron la protesta y tomaron las instalaciones de las oficinas centrales ubicadas sobre Paseo de la Reforma y tampoco hubo respuesta. En un tercer intento “ardió Troya”, explicó Roberto, empleado que ante la ola de represalias pidió utilizar un seudónimo.

Con la advertencia del cierre, la Biblioteca publicó en su cuenta de Twitter un aviso sobre el cierre indefinido “por causas ajenas” lo que desató una ola de reclamos hacia la autoridad y logró la presión que requerían los trabajadores para ser atendidos.

“Nos sorprendió a todos la fuerza que logró el cierre de la Vasconcelos, con decirte que a los dos días, ya ese estaban atendiendo los elevadores descompuestos y empezó a haber orden”, indicó el funcionario bibliotecario.

Tal fue el impacto, que la Secretaría de Cultura emitió un comunicado proponiendo continuar con las mesas de trabajo, abandonadas por el SNDTSC, y expresó su deseo de mejorar las condiciones laborales de la plantilla.

En especial, se comprometió a gestionar con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para agilizar la dispersión del aumento salarial anunciado por el presidente Andrés Manuel López Obrador a partir del 1 de enero de este año y que a seis meses no les había sido entregado.

El propio infierno de “La Vasconcelos”

Aunque el cierre de la Vasconcelos visibilizó la problemática general de las bibliotecas, también permitió destapar públicamente el infierno que padecen a diario los trabajadores.

Consultados por RS, un grupo de funcionarios compartieron experiencias en las que coinciden en el mal trato por parte de superiores, descuido en temas salariales y las malas condiciones de las instalaciones que complican e incluso, los ponen en riesgo durante las jornadas laborales.

Roberto señaló directamente a Daniel Goldin, ex director del recinto, como el responsable de la crisis actual.

“Desde que él estuvo al frente de la biblioteca todo se vino abajo, dejó entrar a todo mundo, literal, ahora somos el hotel de los indigentes de la zona, no hubo rigor para nada y ahorita todos padecemos las consecuencias”, indicó.

Goldin fue director del recinto del 2013 a febrero de 2019, cuando “le fue solicitada su renuncia inmediata” al cargo. El despido simulado del escritor mexicano que según trascendió, se realizó con tratos denigrantes hacia él, provocó descontento en la población e incluso se abrió una petición en la plataforma www.change.org.mx para exigir su restitución. Sin embargo, días después, fue él mismo quien anunció  no estar interesado en regresar.

La versión de los trabajadores sobre lo ocurrido el día del despido inicia con una junta con el nuevo director General de Bibliotecas, Max Arriaga, a quien expusieron las malas condiciones de trabajo, operativas y el mal manejo del presupuesto por parte del director.

La principal fue el desvío descarado de recursos en temas como los talleres, donde oficialmente contrataban a un maestro para dar un taller de diez clases, ya en la práctica solo lo dejaban dar cinco y solo esas le pagaban, pero entonces ¿dónde quedaba el dinero de las restantes?, cuestionaron.

Reclamaron también el manejo del personal de base, con los eventuales y de honorarios, en los que los más nuevos eran quienes tenían mejore privilegios laborales frente al resto.

Otro tema fue la creación de la sala para Comics, género muy gustado por Goldin, al que le asignó el último piso removiendo el catálogo que ahí se encontraba e invirtiendo sumas millonarias dado lo costoso del material.

Reclamaron también la apertura del recinto, construido por el arquitecto mexicano Alberto Kalach, e inaugurada en mayo del 2006, para la población en situación de calle que merodea la zona, permitiendo el uso del baño hasta para bañarse frente al resto de los usuarios, los jardines en donde se instalaban todo el día, las salas de lectura que ocupaban para dormir, generando un ambiente diferente al que busca una persona dentro de una biblioteca.

“Fue tanto el detalle que le dimos que lo que hacía Goldin con la biblioteca, que terminando la reunión, se fue a correrlo”, aseguró Roberto.

La 4T no mejora las cosas

Con la salida de Goldin no mejoraron las cosas. La Secretaría de Cultura designó al editor y narrador Abraham Nuño como nuevo director en el mes de marzo. Su misión era reestructurar la operación  de todas las áreas, pero por motivos personales dejó el pasado 30 de junio el cargo, lo que pospone el orden dentro del recinto.

Según informó Max Arriaga a distintos medios de comunicación, quien asuma la dirección deberá hacer los ajustes por temas de austeridad, aumentar el patrimonio bibliográfico, entre otras tareas.

Mientras tanto, el día a día en la biblioteca continúa sin mejoras: los baños no tienen agua, los elevadores no sirven todos, no hay carritos para el manejo de los libros, retiraron las alfombras, las lámparas no sirven o las que fueron retiradas para reparación no se devolvieron, las laptop para uso público algunas no sirven y en otras no hay filtros y hay quien ve pornografía, los bebederos no funcionan, el montacargas tampoco y el internet es lento, lo que complica los trámites de préstamo y autopréstamo que en un inicio era de las grandes novedades en el lugar ya que cada usuario hacia el trámite directo para llevarse un libro.

En cuanto a infraestructura, el recinto que costó en su momento fue de casi mil millones de pesos sólo tiene un acceso habilitado, de los dos previstos en el proyecto original. El peso de la estructura y el hundimiento natural de la zona, ha causado desfases en las entradas, los escalones lucen rotos y hay oficinas con lonas que parchan la separación de los techos. Aún así, la Biblioteca Vasconcelos sigue siendo referente en la zona centro por el amplio catálogo, lo impactante de su estructura y diseño interior, pero poco a poco está perdiendo la chispa y el sentido original para el que fue creada.

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