En pie de lucha

Las patinadas de Marcelo

Dominado por su sed de venganza contra quienes, según él, lo traicionaron tan luego como salió del Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard no se da cuenta de que si ahora vuelve a los escenarios políticos no es porque haya ganado nada, sino por la gracia de Andrés Manuel López Obrador.

El ex jefe de Gobierno, que en 2013 tuvo que huir del país ante el temor de ser aprehendido por supuestas irregularidades en la construcción de la Línea 12 del Metro, está insoportable e invierte mucho tiempo urdiendo cómo desquitarse de sus enemigos.

Un cartón del caricaturista Paco Calderón, en el periódico Reforma, retrata a Marcelo de cuerpo completo: soberbio, sobrado y excesivamente protagonista.

Hace unas semanas criticó al gobierno de Enrique Peña Nieto por no respetar la Doctrina Estrada que México profesaba en tiempos del PRI: no intervenir en los asuntos internos de otras naciones.

El ex jefe de Gobierno dijo que él nunca estará de acuerdo en que el gobierno mexicano opine y critique las decisiones internas de otros gobiernos; es más, ofreció jamás hacerlo, pues va contra la tradición de la política internacional mexicana.

Pero bien dicen que más pronto cae un hablador que un cojo, pues a Marcelo se le pasó un pequeño detalle: su esposa, Rosalinda Bueso, y el caricaturista Calderón se lo recuerda de manera magistral.

En su cartón dominical dibuja a Ebrard con la cabeza como avestruz, enterrada en la tierra, mientras se ve a un gorila que representa a un gobierno represor, agrediendo con un mazo a una mujer que representa el pueblo.

Marcelo sostiene una carpeta con una carátula de la SRE que dice NO INTERVENCIÓN, y bajo la tierra se puede leer: “salvo que la embajadora esté guapa”.

En el hígado le debió caer al futuro canciller el demoledor cartón, pues habrá que recordar que cuando Bueso era embajadora de Honduras en México fue desconocida por ese gobierno, que tomó su decisión por cuestiones internas.

Marcelo, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, no sólo se puso como león y criticó al gobierno hondureño, sino que utilizó recursos de los capitalinos para entregarle una cantidad mensual a su hoy esposa.

En el GDF todo mundo sabía que era su novia, pero Ebrard quiso disfrazar ese desvío de recursos como acción humanitaria para ofrecer asilo de su gobierno ante la represión en Honduras; tiempo después anunció su boda con ella.

Si el entonces funcionario era muy humanitario y quería ayudar a quienes no tenían empleo, pues se hubiera atravesado la plancha del zócalo donde hay muchos trabajadores con letreros ofreciendo sus servicios como albañiles, plomeros o carpinteros… y son mexicanos.

Por mucho que Marcelo afirme que su relación es un asunto de su vida privada, y que nadie tendría por qué entrometerse, él mismo lo llevó a la esfera pública, pues si existen recursos de los ciudadanos de por medio, es un asunto de interés de los contribuyentes.

Con un simple cartón Ebrard quedó no sólo desarmado, sino exhibido, y desde entonces trató de bajarle un poco a su protagonismo que –dicen- ya estaba chocando al interior del primer círculo del presidente electo.

Pero su modestia no duró mucho y regresó a las andadas, queriéndose llevar un mérito que está lejos de tener en la próxima firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Y es que parece que el próximo canciller no ha entendido que él no es el muñeco del pastel; que la fiesta es de Andrés Manuel, por el que la gente votó masivamente, no por él.

Si bien es cierto que fue perseguido y tuvo que recurrir al auto-exilio para no ir a parar incluso a la cárcel, y que hoy regresa redimido y hasta empoderado por el futuro Presidente de México, Marcelo debe poner los pies en la tierra.

Porque lo nombraron titular de Relaciones Exteriores no por su linda cara o por sus méritos ante el electorado: lo será por obra y gracia de López Obrador, quien lo distinguió con ese cargo, mismo que si así lo desea, en cualquier momento se lo puede quitar.

Nadie duda de su capacidad política ni de su preparación para las tareas que le han sido encomendadas, pero Ebrard se ha excedido en su protagonismo, pues se empeña en presumir que todos los grandes éxitos de la transición el tabasqueño se los debe a él.

Si Andrés Manuel habla por teléfono con Donald Trump, es porque el próximo canciller se lo consiguió; si se reúne con el presidente de Guatemala, es mérito de él. Si lo vienen a ver los cancilleres de América latina, también es por él.

Y es muy probable que así sea, pero en todo caso ese es su trabajo y lo único que está haciendo es realizarlo, faltaba más.

Porque de la forma cómo lo está publicitando, hasta parece que López Obrador no tiene el menor mérito. Que si alguien de la comunidad internacional quiere hablar con el tabasqueño es por los buenos oficios de su futuro canciller.

Quienes conocen al de Macuspana aseguran que si algo le molesta es que alguno de sus subalternos le quiera hacer sombra, y que es muy dado a mandar el mensaje de que en sus dominios sólo sus chicharrones truenen.

Y es que otra de las contradicciones del ex jefe de Gobierno fue haber utilizado una entrevista con el periodista Carlos Loret de Mola, para enviarle un mensajito a quien fue su sucesor en el gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera.

En esa entrevista Ebrard dijo con toda claridad que se tuvo que ir del país porque Mancera se alió con el gobierno federal para inventarle supuestas irregularidades en la construcción de la Línea 12 del Metro, a fin de sacarlo de la jugada.

Dijo que Mancera quiso descarrilarlo para no tener competencia en su carrera por la candidatura presidencial de este 2018, y que por eso le inventaron muchas cosas y lo persiguieron hasta hacer que se ausentara del país por más de dos años.

A pesar de su experiencia y colmillo político, con su declaración cometió un error político garrafal, del que tomó nota el equipo de López Obrador.

Si dice que Mancera lo quiso descarrilar para que no le disputara la candidatura de la izquierda por la Presidencia de la República, Marcelo acepta que se había visualizado ahí para las elecciones de julio pasado, a pesar de que eso lo enfrentaría con el hoy presidente electo.

Porque si Ebrard iba por todo, sabía perfectamente que Andrés Manuel quería exactamente lo mismo y estaba dispuesto a enfrentarlo. Aunque todo mundo lo daba por hecho, es distinto que lo diga abiertamente el propio interesado.

Por eso es que sus actitudes protagónicas de estos días no han caído nada bien en el primer círculo pejista, pues ni siquiera ha iniciado la administración del tabasqueño y Marcelo ya le quiere disputar los reflectores.

No es extraño que la carrera por la sucesión presidencial se adelante en cada administración, pero al grado de que alguien quiera correr cuando ni siquiera quien será su jefe haya iniciado su trabajo al frente de la institución presidencial, ¿pues cuándo?

A ver si no esos excesos acaban por tachar desde ahora a quien será el próximo canciller, que bien se puede pasar entretenido… y olvidado, todo el sexenio ahí, y quedarse en la caja de bateo por acelerado.

El Peje no es nada tonto y olfatea muy bien las pichadas que le quieran tirar, incluso desde el interior de su equipo, para conectarlas en el momento más oportuno.

Al parecer el ex jefe de Gobierno no tiene conciencia de que está sentado en un barril de pólvora, que cualquier día puede estallar haciendo volar sus ilusiones presidenciales. No por mucho madrugar amanece más temprano.

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