En pie de lucha

La guerra sindical de Claudia

Un tema que cada vez le quita más el sueño a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, es la rebelión de algunos líderes sindicales que no le son afines a su administración, y que si no atiende a tiempo le puede generar un conflicto mayúsculo.

Con el argumento de que muchos trabajadores fueron basificados o “estabilizados” en la parte final del gobierno de su antecesor, Miguel Ángel Mancera, la jefa de Gobierno, quiere sacar a diez mil trabajadores que estuvieron mucho tiempo en la Nómina Ocho.

Muchos habían sido empleados de confianza durante varios años, y otros eran considerados como “voluntarios”, la mayoría del área de Limpia y Transporte; la orden fue dar marcha atrás a su regulación, lo que ha enrarecido el ambiente sindical.

Para la jefa de Gobierno esas personas fueron basificadas como parte de un acuerdo político entre Juan Ayala, líder del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la CDXM, con la administración de Mancera.

Denunció que en esas nóminas están, además de “aviadores”, muchas personas que actuaron como operadores políticos del PRD, por lo que tendrán que dejar sus plazas de inmediato.

Nadie ignora que en la burocracia hay aviadores y operadores políticos de algún partido, pero tampoco se puede negar que ahí también laboran personas comprometidas con su trabajo, del cual dependen sus familias y que al perderlo quedarán desamparados.

Entre los despedidos hay muchos que en las elecciones pasadas votaron por Andrés Manuel López Obrador y por la propia Sheinbaum, quienes les prometieron trabajo y bienestar, y ahora los dejan sin su fuente de ingresos.

La molestia por estas acciones ha venido creciendo y puede derivar en un estallido social originado por las bases sindicales no sólo de la CDMX, sino de otras organizaciones de trabajadores que están siendo afectadas a nivel nacional por el gobierno federal.

Porque, aunque nadie tiene la menor duda de que López Obrador encabeza un gobierno fuerte, con amplio respaldo popular, su estrategia de ampliar su base social a través de regalar dinero a la gente está pegando a varios sectores, entre ellos la burocracia.

En el Presupuesto 2019, las universidades, los centros de investigación, la cultura y la salud, entre otros rubros, fueron castigados con partidas incluso inferiores a las de otros años, lo cual ha generado un gran descontento.

Cuestión de recordar que “por un error involuntario” en la nueva iniciativa de Reforma Educativa se proponía acabar con la autonomía de la UNAM. Y que después, “por otro error”, se le redujo el presupuesto a la misma institución y al IPN; El Peje reculó.

No quiso enfrentar una protesta estudiantil, que ya se estaba gestando, sobre todo por los negros antecedentes de las actuaciones del gobierno contra estudiantes, que han sido registradas en la historia.

En el entorno pejista creen que una lucha sindical de la burocracia es “bastante controlable”, por la sencilla razón de que los líderes actuales tienen una cola muy grande que les puede ser pisada en el momento que se requiera.

Pero quizá no estén calculando bien, pues en el caso de la capital no es que echen a la calle a diez mil trabajadores, sino a diez mil familias, que al multiplicarse pueden congregar a un buen número de manifestantes.

Y como los burócratas de la ciudad pertenecen a la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, y muchos empleados del gobierno federal están corriendo la misma suerte, se puede juntar un buen grupo.

Eso sin contar que los dirigentes locales tienen buena relación con sindicatos como los de la  UNAM, el IPN, la UAM y otras instituciones, además de que hay otros descontentos como los bomberos de la capital y exempleados del SAT.

Los sindicatos tienen la capacidad incluso de parar los servicios públicos y generar un caos; el gobierno, a su vez, tiene la capacidad de alinear a todas las instituciones en contra de los líderes para presionar, incluso con el riesgo de cárcel, a quienes no entiendan.

Hay registro de que cuando a El Peje se le rebelan, responde con rudeza, pero no es lo mismo parar la recolección de basura en una ciudad, por ejemplo, que paralizar hospitales, escuelas, juzgados y prácticamente toda la administración pública del país.

Por supuesto que ese escenario estaría muy lejano, pero de cualquier forma el enfrentamiento del gobierno con sus trabajadores no traería nada bueno para ninguno de los dos bandos.

Para empezar, no se vería nada bien que miles de burócratas hicieran un plantón permanente frente a Palacio Nacional y a un lado del edificio del Antiguo Ayuntamiento, que es donde El Peje da sus mañaneras.

Eso sería muy perjudicial para la imagen de López Obrador, quien se ha envuelto en la bandera del pueblo, vendiéndose como su máximo defensor. Si alguna niña o viejecita le reclamara el haber dejado sin trabajo a su papá o su hijo, el impacto sería fuerte.

A los trabajadores sindicalizados y a sus líderes los podrá presionar para que se alineen, pero a los despedidos y a sus respectivas familias no, por la sencilla razón de que ellos ya no tendrían nada que perder.

El tema no es sencillo y, si Sheinbaum no lo maneja con habilidad, le estaría abriendo un buen boquete al pejismo en todo el país, por las conexiones sindicales que hay entre los líderes, a los que a veces los unen las complicidades.

Porque El Peje podrá culpar a la mafia sindical de las protestas, pero quién sabe si podría controlar a la opinión pública si se difunden historias de familias afectadas en su salud, educación o vivienda por haber sido echadas a la calle.

La estrategia que ha utilizado desde que era candidato, de llegar a los sentimientos de las personas para que lo apoyen, se le puede revertir si es utilizada de la misma forma por los manifestantes y sus familias, pues se asemejarían a los de millones de mexicanos desposeídos.

Por eso es necesario llegar a acuerdos con los trabajadores despedidos, pues una rebelión apoyada por la burocracia nacional contra el su gobierno sería catastrófica. Hay que recordar que la clase trabajadora ha derribado Presidentes.

Y si se mezcla a la inconformidad ciudadana con otras cosas, a la perversidad de algunos políticos y al fuego de las marchas estudiantiles, por ejemplo, se estaría en camino del nacimiento de  los “chalecos amarillos” mexicanos.

El conflicto ahí está, habrá que ver cómo se resuelve… si es que se resuelve.

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