Investigaciones especiales

El nuevo sindicalismo enfrenta a charros contra morenos

Los sindicatos del viejo corporativismo priísta están en guardia, ante el surgimiento de nuevas organizaciones amparada por la gente de Morena

La disputa por el control sindical de la clase trabajadora en México entre las organizaciones corporativas del hoy decadente PRI y las fortalecidas tras el triunfo de Morena en 2018, no tiene reversa.Los nuevos dirigentes y legisladores del partido en el poder van tras la CTM y la CROC, pero también por el control de gremios estratégicos como el de los petroleros, ferrocarrileros y electricistas de la CFE.

La estrategia para obtener el control es con la aplicación de los convenios 87 y 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) 87 y 98, con ellos podrían iniciar el desplazamiento de sus líderes a través del voto secreto  y universal, en una renovada democracia interna.

Los integrantes de Morena también le apuestan a un “golpe de poder” –un “quiñazo” como el de enero de 1989, que tenga la bendición presidencial o de algunos funcionarios del gabinete para acelerar el derrumbe  de liderazgos como el de Carlos Romero Deschamps, Víctor Flores y Víctor Fuentes del Villar.

Todos estos líderes han sido integrantes por décadas del sector obrero del PRI, cuya actual líder, Claudia Ruiz Massieu fue la gran ausente en el 83 Aniversario de la CTM, celebrado el pasado 24 de febrero en el Auditorio Nacional.

En esta disputa inédita, siete son los puntos donde gravita la oferta laboral de las nuevas, viejas y ahora renovadas organizaciones para adjudicarse las banderas de lucha de una clase trabajadora venida a menos por los bajos salarios y la pérdida de conquistas laborales en las últimas tres décadas: reglamentación o desaparición del outsorucing; rechazo a los contratos de protección; mayores salarios; participación de utilidades; democracia sindical con voto libre y secreto; transparencia y rendición de cuentas; y, promoción del voto secreto en las revisiones contractuales.

El llamado sindicalismo charro, agrupado por antonomasia en organizaciones adherentes al Congreso del Trabajo (CT), y en donde militan centrales como la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), ven derrumbarse su antes sólida unidad, sobre todo por el canto de las sirena que lanza a diversas organizaciones como el Sindicato de Ferrocarrileros, la Confederación Autónoma de los Trabajadores y Empleados de México (CATEM).

EL “DESLIZ” DE VÍCTOR FÉLIX FLORES CON CATEM

La presencia del líder ferrocarrilero Víctor Félix Flores Morales en la XXI Asamblea General Extraordinaria de CATEM, organismo encabezado por el senador de Morena Pedro Haces Barba, causó revuelo en la cúpula tanto de la CTM como del CT. También en ese evento se vio a Reyes Soberanes, líder de la Confederación Obrera Revolucionaria (COR) y vicepresidente del Congreso del Trabajo.

En el terreno político-sindical el asunto no es menor, pues en su discurso Pedro Haces fue muy claro cuando señaló que en su organización “no hay cabida para rateros ni corruptos”. Y fue más allá cuando anunció una alianza de facto con el organismo cúpula del sector obrero.

“Con la gran alianza que haremos con el Congreso del Trabajo, con Víctor Flores y otros secretarios generales de diversas organizaciones, vamos a ser ejemplo mundial de sindicalismo, vamos a dar la batallas armonizando los factores de la producción en todo momento”, dijo en el evento, realizado en enero pasado.

La pregunta que se hicieron los asistentes al acto fue si en esta alianza se había tomado parecer al dirigente cetemista y actual presidente del CT, Carlos Humberto Aceves del Olmo. Las palabras del dirigente ferrocarrilero se encargaron de dar la respuesta, cuando al tomar el micrófono, dijo: “El líder no es líder sin los trabajadores; debe haber respeto y unidad y la vamos a realizar para todos los trabajadores, es tiempo de unidad, sin distinguir siglas sindicales, ni de centrales y hoy vamos a hacer una gran alianza con CATEM”.

Días después, durante un evento realizado en el Congreso del Trabajo, varios líderes pasaron del asombro a la confusión cuando vieron entre los asistentes al líder ferrocarrilero que, según trascendió, justificó su alianza con Pedro Haces por los intereses que su gremio tiene en la futura operación del Tren Maya.

Confundidos observaron como Aceves del Olmo, pasaba por alto el pequeño desliz del dirigente ferrocarrilero y no fijaba una postura del CT respecto a temas prioritarios como la Reforma Laboral de Morena en el Congreso.

NAPOLEÓN Y SU APARENTE DESLINDE DE MORENA

Desde antes de su toma de protesta como senador en diciembre pasado, el líder de CATEM se dedicó a lanzar toda serie de descalificaciones a las organizaciones del corporativismo priísta, definiéndose como cabeza de playa  en el “sindicalismo de la cuarta transformación”, como él lo llamó.

En cambio, Napoleón Gómez Urrutia en su primer mensaje al frente de la naciente Confederación Internacional del Trabajo (CIT) deslindó al nuevo organismo del partido en el poder  –“no somos agencia del gobierno ni de Morena”, externo–, Haces Barba siempre ha ostentado una alianza y amistad con el presidente, Andrés Manuel López Obrador.

En noviembre pasado, por ejemplo, acusó a la CTM y a la CROC de enviar golpeadores al Centro de Convenciones de Tlatelolco donde la CATEM realizaba un evento. Ante los medios, acusó: “Esto se  debe a que no quieren un verdadero cambio, y se les fue, porque México ya cambió, porque los trabajadores de esas centrales obreras (CTM y CROC), por más que obligaron a sus agremiados a que votaran por sus partidos no les hicieron caso, y votaron por ya saben quién, por el hombre que la CATEM siempre acompañó, por el hombre que será el mejor presidente de México en los últimos años”.

Y apenas protestó como senador, la volvió a emprender contra sus enemigos a vencer: “Las instituciones, los partidos políticos, las confederaciones obreras no son malas, ninguna es mala, sus estatutos se han hecho con base a los beneficios de los trabajadores, desafortunadamente algunas de sus dirigencias se han acabado. Se acabo eso que no era más que cacicazgo sindical”, expresó el recién desempacado legislador.

Con todos estos antecedentes y contrariados y ante la falta de definición y estrategia en el organismo cúpula, muchos líderes decidieron comenzar a tejer sus propias alianzas y agendas, en las que se inscribieron dos hechos que dejaron en claro el probable derrumbe de la unidad corporativa: el 20 de febrero y constituidos en las siglas: Organizaciones Sindicales Unidas por México, dirigentes como Rodolfo González Guzmán de la CROM, Oscar Morena de la COCEM, Héctor Federico Fabela García de FRETEM y Alberto Juárez Bautista de la Federación Sindical Alberto Juárez Blancas (FSAJB), entre otros, decidieron convocar a los medios para fijar su postura.

LOS DISIDENTES DEL CONGRESO DEL TRABAJO

El líder de la CROM, Rodolfo González Guzmán, señaló: “Nosotros vamos a participar con la organización del Senador de manera fraterna y de manera responsable, si se crea con esta confederación un frente nacional, vamos al frente nacional, pero hasta el momento seguimos en el Congreso del Trabajo, si el CT no se mueve y tiene cierta parálisis, nosotros tenemos que movernos y eso nos conduce a generar una propia agenda para trabajar con el presidente de la Comisión del Trabajo del Senado”.

El 13 de febrero durante el nacimiento de la Confederación Internacional del Trabajo (CIT), encabezada por Napoleón Gómez Urrutia, González Guzmán fue orador del evento, con lo que corroboró que ante la indefinición al interior del CT, las alianzas con las nacientes organizaciones de Morena son una realidad como el desmembramiento de otras más como la CROC.

LA DEBACLE DE ISAÍAS

Puesto en el banquillo de los acusados junto con el ex senador de la CTM, Tereso Medina por la presentación de la iniciativa laboral, en diciembre de 2017,  que buscaba aniquilar los derechos de millones de trabajadores, el todavía dirigente de la CROC, el también ex senador y actual diputado federal por el PRI, Isaías González Cuevas, es otro de los viejos “charros” que ve desfondarse su poder. El pasado 25 de noviembre, dos días antes de celebrar su Congreso Nacional Extraordinario, diversas organizaciones disidentes de esta central, así como centrales estatales, se dieron cita en la CDMX para dar paso al nacimiento del Consejo Nacional Laboral (CONLABOR).

El nuevo organismo se calcula que agrupa a casi 2 millones de trabajadores del país y representa, para analistas del sector obrero, el principio del fin González Cuevas al frente de una de las organizaciones obreras emblemáticas del viejo PRI. Los croquistas disidentes asentaron en el evento: “Nos constituimos para enfrentar a quienes han desviado los principios de nuestra central y sus raíces históricas y se han dedicado a enriquecerse a costillas de los trabajadores con la venta de contratos de protección y sustrayendo los recursos de sus agremiados”.

Y abundaron: “La CROC perdió su prestigio de décadas por conductas reprochables de quienes debían engrandecerla; no reconocemos ni toleramos ése liderazgo en decadencia que estamos dejando atrás con la integración de esta CONLABOR”.

LA CTM EN GUARDIA

Durante los festejos del 83 aniversario de la CTM, su líder, el senador Carlos Humberto Aceves del Olmo, negó que los días de la histórica central estén contados y arremetió contra sus detractores: “Hay organizaciones sindicales nuevas pero sin integrantes”. Y pontificó: “Dicen que la CTM es muy vieja, y bueno, a los viejos se les respeta. Dicen que nos hemos convertido en fósiles y que nos hemos atrasado muchos años, algunas organizaciones que tratan de entrar fuerte no tienen gente, pero si cola que les piden”.

De esta forma, y polarizados los bandos entre “charros y morenos”, será sin duda la posición que en los hechos asuman tanto el presidente de la República como la titular del Trabajo, Luis María Alcalde, la que realmente compruebe en los hechos el respeto a la autonomía y vida interna de los sindicatos, dejando que sean los trabajadores los que decidan a quiénes desean como sus representantes.

Aunque en Morena hay quienes estiman que las cosas no van por la senda del estado de derecho sino de la conformación de un nuevo sector obrero que dejará de ser tricolor para pintarse de guinda. El primero de mayo próximo, será en lo inmediato el parámetro para que unos y otros midan fuerzas.

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