En pie de lucha

Morena acaba con los vecinos

Si cada que pueden presumen tener el apoyo de más de 30 millones de mexicanos en las urnas, ¿cuál es le miedo de Morena a la realización de elecciones para la renovación de los mil 815 comités vecinales en la Ciudad de México?

Muy simple, que por mucho que se quieran llenar la boca con eso de que 33 millones de personas votaron por ellos en julio pasado, la realidad es que saben perfectamente que por quien votaron en masa los mexicanos fue por Andrés Manuel López Obrador, no por ellos.

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¿Qué significa esto?, pues que aunque hayan ganado la mayoría de las alcaldías y distritos en la capital de la República, los alcaldes morenos no tienen el control vecinal, por la sencilla razón de que no los quieren o porque le reportan a sus anteriores jefes.

La Constitución Política de la Ciudad de México señala con claridad que el primero de abril el Instituto Electoral de la capital debió convocar a la renovación de los comités vecinales, lo cual fue impedido por la mayoría de Morena en el Congreso local.

Los diputados de ese partido usaron su mayoría para imponer un artículo transitorio, a fin de que la elección de nuevos dirigentes vecinales se haga con otras reglas, que estarán contenidas en una nueva Ley de Participación Ciudadana que aún no existe.

El verdadero temor de los morenos es que, si se realizan en estos momentos los comicios vecinales, muy probablemente los dirigentes ganadores le reporten a la oposición, pues aunque perdieron, los anteriores delegados mantienen el control de esas estructuras.

De eso también está consciente Claudia Sheinbaum, quien no tuvo empacho en calificar de corruptos a los dirigentes vecinales, a los que acusó de haber sido coptados por las anteriores autoridades y ser parte del corporativismo político.

Y no es que la jefa de Gobierno se equivoque al señalar que los dirigentes vecinales fueron absorbidos por los delegados a través de negocios, nóminas y cochupos, por lo que terminaron siendo parte del proyecto político del gobierno en turno.

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Pero lo que Sheinbaum parece olvidar –o más bien se hace la olvidadiza- es que la mayoría de los jefes delegacionales que corrompieron a los organismos vecinales están ahora en Morena, pues lo hicieron cuando estaban en el PRD.

De hecho el corporativismo perredista cobró auge con López Obrador cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal, y sirvió para que ese partido se enquistara en el poder durante 20 años.

Al impedir las elecciones vecinales, lo que buscan Claudia y sus diputados morenos no es que los nuevos comités vecinales sean libres y autónomos, sino que cambien de camiseta y ahora sirvan al corporativismo pejista.

Y es que si no hubieran impedido que los dirigentes vecinales sigan operando para sus antiguos patrones, en 2021 estarían en riesgo de perder los territorios que apenas en julio pasado obtuvieron, no por ser buenos perfiles, sino por la figura de El Peje.

Está claro que lo que Morena quiere es que no haya elecciones ni representación vecinal para esas elecciones, y que esos órganos se vuelvan a constituir hasta después de los próximos comicios intermedios, cuando se supone tendrán el control pleno.

El hecho de que se hayan negado a la petición de la oposición para que en el artículo transitorio que difiere las elecciones vecinales quedara escrito que, en tanto no haya una nueva Ley de Participación Ciudadana, sigan en el cargo los actuales dirigentes, revela sus intenciones.

Porque lo único que señala el transitorio es que los comités seccionales podrán seguir operando hasta el 31 de diciembre próximo, en tanto se expide una nueva ley, pero no dice nada en caso de que los diputados no la elaboren en esas fechas.

Si para diciembre no hay ley -cosa bastante probable- seguramente la mayoría morena, acompañada por sus rémoras del PT, PVEM y PES, volverán a aprobar otro transitorio para darse más tiempo en la elaboración y aprobación del respectivo dictamen.

Pero como ya dijeron que los dirigentes vecinales sólo estarán hasta diciembre, lo que sigue es dejar sin representación vecinal a los capitalinos en forma indefinida, y todo con tal de quitar el control a los ex delegados y pasarlo a los actuales alcaldes.

Qué triste que los morenos, que prometieron un cambio, actúen pensando para todo en el cálculo político y sean iguales -o tal vez peores- que quienes los antecedieron en los cargos públicos.

Y aún falta ver cómo reacciona la comunidad luego de que, en lugar de reconocerles su trabajo en bien de sus vecinos, Sheinbaum los haya calificado de corruptos y vendidos,  como si los conociera o le constaran sus actos.

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Además de atarles las manos a su participación vecinal en las decisiones de gobierno, con esta jugada Morena y su Gobierno se deshacen de la obligación de tener que consultar en qué se invierte el tres por ciento de presupuesto anual de cada alcaldía.

En la actualidad los vecinos deciden qué es lo que más requieren sus comunidades, ya sea luz, agua, drenaje, banquetas, parques y demás servicios, y en qué parte son urgentes, a fin de que se les dedique presupuesto.

A partir del próximo año los alcaldes podrá hacer y deshacer a su antojo, pues aunque existe la figura de concejales, que se supone son representantes de la oposición, cada gobernante tiene mayoría, además de comprar conciencias de algunos enemigos.

O sea, partiendo de la lógica de Sheinbaum, los concejales también serán comprados -si no es que ya lo fueron, por las autoridades municipales de cada lugar, por lo que los ciudadanos dejarán de ser representados por sus vecinos.

El tema es que, para quien aún tenía alguna duda, los representantes de Morena son exactamente iguales de corruptos que los del PRD, por la sencilla razón que todos vienen de ahí, donde fueron formados con las mismas mañas.

Había otro camino, que era el trabajar más en el territorio e ir convenciendo a los vecinos de que la mejor opción es Morena, pero qué flojera tener que batallar si se tiene una mayoría que sólo se dedica a levantar el dedo cada que se lo ordenan y ya está.

Si alguien tiene la oportunidad de darse una vuelta a las sesiones en Donceles, podrá comprobar que los morenos pierden todos los debates, porque son muy, pero muy burros, aunque ganan las votaciones porque tienen una borregada muy amplia.

Es como en los tiempos del PRI, cuando era partido casi único, sólo que esta vez los diputados portan el color marrón de Morena para tratar de hacer pasar como un acto democrático la decisión de aniquilar la participación ciudadana en sus gobiernos.

¡Corruptos!

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