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Profesores universitarios trabajan en esquemas laborales raquíticos

Un docente por honorarios en la UNAM gana lo mismo que el que trabaja en universidades patito

Pago por hora de clase impartida, sujetos a recontratación cada ciclo escolar y bajo una constante presión para cumplir con los estándares académicos, así es la vida de muchos profesores universitarios en México.

Con el argumento de baja matrícula y colegiaturas accesibles al público, las instituciones aprovechan la disposición, vocación y en muchos casos, necesidad de los maestros para integrarlos a sus filas en condiciones laborales míseras.

Desde 70 pesos la hora por clase, hasta contratos indefinidos por hasta 25 mil pesos, es el espectro en el que se desarrolla el gremio que este mes conmemora su día.

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Conforme a datos proporcionados por los propios maestros en la plataforma Love Mondays, en donde además de conocer las condiciones salariales de pares, funciona como bolsa de trabajo especializada, el salario mínimo que gana un docente universitario es de 2 mil pesos al mes, remuneración recibida por la impartición de una clase de dos horas, dos veces a la semana.

Si aumenta la asignación de materias y grupos, el salario incrementa; y si el profesor eleva su nivel académico con algún posgrado de aval nacional o internacional, la tarifa base pagada también aumenta, pero no se dispara.

Por ello, al menos el 60 por ciento de los docentes laboran en otra institución educativa o en más, según sus necesidades, disponibilidad de tiempo y cercanía una de otra.

Orlando Serrano, especialista en reclutamiento de personal, explicó a RS que a nivel básico (primaria y secundaria) o medio superior (bachillerato), los profesores reciben un sueldo mensual, pero en el nivel superior no existe un sistema de tabulación único y cada institución paga según su dinámica académica y el perfil de los docentes.

Explicó que la UNAM, que se ubica entre las 100 mejores del mundo, tiene a maestros con pago por honorarios a quienes da en promedio a 70 pesos por hora de clase, sueldo comparable con los mismos 70 pesos que paga la Universidad ICEL, creada para población de bajos recursos y con un nivel académico por debajo del promedio, a quienes además engancha con la promesa de un mínimo de 14 horas a la semana de trabajo.

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“Hay quienes trabajan por un salario bajo porque prefieren contar en su CV con el mérito de haber sido docente en tal o cual institución, pero también hay quienes lo hacen por necesidad y toman lo que hay, en donde hay, sin importar si es baja la remuneración o si tienen un perfil más alto y pueden aspirar a un empleo mejor pagado, pero de momento no lo encuentran”, señaló.

Los académicos también trabajan durante varias horas y sin remuneración alguna, diseñando las clases y el material con el que impartirán sus materias, lo que en la suma final, hace aún más raquítico el pago por sus servicios, frente a las colegiaturas que cobran las universidades privadas a sus alumnos.

Según cifras del INEGI, en México el promedio de edad de los profesores universitarios es de 40 años, el 44 por ciento son mujeres y el 56 por ciento hombres.

Del total de personal docente en el país, los que se dedican a impartir clases a nivel superior representan sólo el 12.4 por ciento.

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El promedio de ingreso es de 94.8 pesos por hora trabajada y sólo 8 de cada 10 cuenta con alguna prestación de servicio médico.

Contratación

El esquema de contratación varía en las universidades del país, algunas ofrecen prestaciones pero liquidan al personal al terminar el ciclo escolar, para evitar que genere antigüedad, otras ni siquiera contratan, pagan en efectivo por clase impartida, mientras que hay quienes sin contrato previo, pagan mediante facturas o los aún llamados “honorarios”, lo que representa una carga fiscal para el profesor y al finalizar el ciclo escolar, termina la relación laboral.

Evaluación

Aunque los maestros de instituciones públicas se salvaron de la evaluación a su desempeño, según las últimas modificaciones a la Reforma Educativa, esa misma vara no mide a los que se desempeñan en instituciones privadas.

Las evaluaciones son obligatorias en el terreno privado y del buen resultado de éstas depende la recontratación, la asignación de una nueva materia o la continuidad en la que ya impartían.

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Serrano explicó que hay varios tipos de evaluación, una realizada por los alumnos netamente, se efectúa pasando la mitad del curso. En ella, califican aptitudes del profesor en cuanto al dominio del tema, dinámicas en clase, imagen y hasta la autoridad que ejercen dentro del salón.

Hay otra revisión del trabajo académico hecha por las respectivas coordinaciones con visitas sorpresas a clase o la minuciosa revisión de los programas de clase o cartas descriptivas en donde se exponen fechas, temas y actividades a realizar para la enseñanza.

Ante esta realidad, la vida de los académicos universitarios es una constante ingeniería de tiempos, manejo de ingresos y distancias, pues hay quienes recorren diario la ciudad dando clases en varias instituciones y así “completar la quincena”.

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